28 octubre 2019









8


YO SOLO QUERÍA UNA CAMA MULLIDA...

    
   No podía ser posible. Agitó el pañuelo un par de veces con brusquedad como si quisiera deshacerse de un bicho y después lo cogió con ambas manos y lo extendió para mirar cada costura por ambos lados. Las letras se fueron difuminando hasta desaparecer por completo de la tela. Ginny sabía lo que había visto, no podía haber sido un simple engaño de sus ojos; Primero el trozo de medallón ardiendo, luego la chimenea encendiéndose sola, después los extraños cristales de su ventana y luego el pañuelo. Eran demasiadas alucinaciones para añadir a esa noche. Y si le daba por hablar de ello con el resto seguramente le dirían que todo aquello se debería al cansancio. ¿Podría ser solo eso?
¿De verdad se lo estaba imaginando todo?
      Era tan absurdo... Y si a todo aquello le sumaba la extraña sensación de estar siendo observada y el completo silencio del desierto hotel, se sentía más confusa todavía. Todo debía de tener su lógica.
     Estaba verdaderamente agotada. Volvió a tapar la medalla con el pañuelo y regresó a paso lento hacia su cuarto cerrando de un portazo. Posó su mirada en el crepitante fuego de la chimenea y fue a depositar la medalla en la mesilla cercana a la cama.
    Le empezaba a doler la cabeza con tanta paranoia. Todo debía de tener su explicación, se lo repetía una y otra vez. Pero nadie había subido a su dormitorio a encender la chimenea, el cuarto se caldeó enseguida, y el hotel era antiguo para tener un control remoto de las ventanas y las cortinas por las cuales empezaba a sentir claustrofobia.
         Zyron estaba tardando demasiado, pensaba acostarse en cuanto terminasen la reunión que tenían pendiente con el gerente del hotel. Sabía que, tal como había transcurrido el día, el resto no tendría ganas de pasar la noche en vela, cada uno iría a lo suyo.El impacto con el coche y la lluvia solo les llevó a discusiones y a un profundo agotamiento, -por el cual ella estaba empezando a alucinar- y lo bueno era que Ron necesitaba dormir mucho para el día siguiente y Draco seguiría obstinado y ofendido en su habitación, por lo que ya no haría falta volver a sacar el hacha de guerra lo que quedaba de noche.
       Se puso a deambular de nuevo por la habitación. Vio un reloj pequeño encima del escritorio. Le resultaba casi increíble lo rápido que habían transcurrido las horas en el bosque, iba a ser la una de la madrugada. A ella el trayecto se le hizo más corto y juraría que al resto también, pero el cansancio ya hablaba por todos.
      Decidió sentarse en el sofá, el dolor de cabeza iba en aumento. Un escalofrió recorrió su cuerpo. Se dio cuenta de que sus pantalones seguían húmedos. Decidió cambiarse por fin antes de que Zyron les llamara.
-Vete. –escuchó un leve susurro a su espalda, lo que hizo que la joven sintiese un escalofrío y se diese la vuelta bruscamente. No había nadie en la habitación y afuera resonaban truenos. Sintió una punzada de dolor en la sien.
        Había sentido una presencia en el dormitorio, eso no lo se lo podía negar a ella misma. Estaba cansada de imaginar cosas. –Son solo estúpidas visiones por el cansancio, Ginny- se dijo a sí misma. Cogió su mochila y se metió en el cuarto de baño. –Estás encerrada con desconocidos en un hotel antiguo, empapada, y ahora ves y oyes cosas. Todo se pasará en cuanto te tomes una aspirina, descubras quién te está gastando una broma de cámara oculta y te metas en la cama...-.
      El cuarto de baño era más grande de lo que aparentaba y sus griferías iban acorde con el ambiente del hotel. Había una enorme bañera en el centro con un juego de palanganas al lado, y el lavabo era de los antiguos, de madera con un espejo oscilante, una cubeta y en la parte de abajo una jarra con un juego de toallas a ambos lados. Más que un cuarto de baño era un lavadero.
-Han cuidado cada detalle... -dijo en tono de sorpresa al no encontrar nada que se pareciera al cuarto de baño de su casa.
       Mientras rebuscaba en su mochila un pantalón deportivo con el que estar más cómoda sintió una quemazón en la pierna al moverse de un lado para otro. Era una especie de calor y urticaria en el muslo derecho. Al quitarse los pantalones mojados y arrojarlos al suelo comenzó a observarse con detenimiento las piernas por si el golpe con la camioneta le había dejado alguna señal. Cogió una sedosa toalla blanca y empezó a buscar el origen de esa molesta urticaria. Para añadir una sorpresa más a esa noche, encontró una marca con forma ovalada del tamaño del dedo pulgar en la parte del muslo cercana a su cadera. Al mirarla fijamente en el espejo del cuarto de baño pudo comprobar con exactitud que la marca era de color morado, como un moretón, con el dibujo de una rosa encerrada en el óvalo y en relieve. Perpleja, pasó los dedos por la marca sintiendo el calor que notó cuando llevaba la medalla en el bolsillo. Rápidamente volvió a buscar la medalla a la mesita para compararla con la señal de su pierna. El tamaño del extraño tatuaje en relieve coincidía con el del trozo de medalla con una foto borrosa. Sin podérselo creer, dio vueltas y paseó su mirada por el objeto y por sus piernas algo asustada, buscando por si acaso tuviera otra marca que hubiese pasado por alto.
      No sabía cómo, poco a poco fue llegando a la conclusión de que la medalla le había dejado una profunda marca al haberla llevado en el bolsillo del pantalón tanto tiempo. Como si la hubiesen marcado con un hierro candente. Pero, en su pierna tenía el dibujo de una rosa, y en la medalla se veía solo lo que parecía un retrato muy estropeado y mal definido.
¿Qué diablos estaba pasando?
    Se olvidó de todo lo demás por un rato y se quedó dado vueltas en el baño intentando borrar el moretón por todos los medios que se le ocurrían y con los pocos utensilios que tenía a mano. Pero se dio por vencida. Ese dibujo con la forma de una rosa abierta le molestaba como una quemadura, estaba definitivamente impregnado en su epidermis.
      Una vez que estuvo un poco más presentable salió del baño y guardo el trozo de medalla con el pañuelo en el cajón de la mesilla con otros objetos de aseo que llevaba en la mochila. Se sentó en la cama. Estaba al borde de un ataque de estrés.
     De repente, llamaron a la puerta. Tres toques pausados que la sacaron de su ensimismamiento. Al abrir se encontró el pasillo desierto. Tanto silencio empezaba a perturbarla. Pensaba en ir al cuarto de una de las chicas con tal de hablar con alguien. Dudaba en si comentar el descubrimiento del tatuaje, así la visita no la haría sentirse tan estresada, puesto que esa marca era bien visible, no podrían decirle que ese extraño suceso era producto de su imaginación, como lo del pañuelo, por ejemplo.
      De repente sintió como posaban una mano helada en su hombro. Eso era real. Sucedió muy deprisa. Al darse la vuelta bruscamente contuvo un grito. Notó cómo la puerta del dormitorio se cerraba sola y una extraña silueta grisácea con forma de mujer se materializaba ante sus ojos y se abalanzaba hacia ella tapándole la boca para que no gritara. Al volver a entrar en contacto con su piel tuvo una sensación extraña y desagradable, era como entrar en contacto con la mano de una persona corriente pero estaba helada y a la vez parecía casi transparente y áspera.
-No grites, por favor –susurró una voz rasgada y aguda. Su rostro aún no se definía, pero ahí estaba; la silueta luminosa y cetrina de una joven, no veía sus facciones pero notaba una mirada penetrante. En ese momento, Ginny supo que, aunque quisiera, no podría ni siquiera susurrar ante tal impresión—. Quiero advertirte. No debes estar aquí, muchacha. ¡Márchate, llévate a tus amigos y no mires atrás!
      La pelirroja Weasley sintió una punzada en el sitio en donde había aparecido el tatuaje de la rosa, y notó cómo el frio de las gélidas manos de la figura gris se expandía por todo su cuerpo. No movió un músculo, esperaba a que ella, o lo que eso fuera hablara antes:
-Voy a soltarte, pero prométeme que no vas a gritar. –imploró arrastrando con parsimonia las palabras de manera suave y taciturna-. Quiero ayudarte.
      Ginny tenía la boca seca. Cuando la figura fue separándose de ella poco a poco, la pelirroja la miró de arriba abajo intentando asimilar lo que estaba pasando: Era una chica, definitivamente. Lo que mejor se definía eran sus ojos, de un blando perlado escalofriante sin pupilas. Levitaba, parecía estar sostenida por una pequeña ráfaga de viento, puesto que ondulaba a su alrededor una melena y una especie de vestido antiguo lleno de volantes, más o menos podían tener ambas la misma estatura, lo único que daba la impresión que llevaba al descubierto eran sus brazos esqueléticos; Era la figura de una muñeca fantasmagórica. Podía ver a través de ese extraño ser si permanecían quietas un instante.
-¡¿Q-quién eres?!... ¡¿Qué eres?! ¡¿Qué maldito sitio es este?! –preguntó atropelladamente la joven Weasley, por fin armada valor.
-Ahora necesitas saber que soy una amiga. Es mejor que te vayas antes de que den las dos en punto.
-Pero... ¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué pasa esa hora? –Ginny empezó a buscar lentamente y de manera inconsciente el pomo de la puerta.
-Ella vendrá. Si no te vas, no podrás volver a ver tu mundo.
        Daba la sensación de que la extraña aparición estaba tan intranquila y confusa como Ginny, como si dudara de sí misma. Intuía la desesperación en su fantasmal rostro.
-Por favor, confía en mí. No te haré daño. No te fíes de lo que hay más allá de esa puerta.
       De repente la figura se evaporó dejando ante los ojos de Ginny una leve capa de humo blanco, era como se le hubiese acabado la energía para permanecer en esa habitación. La pelirroja se quedó de nuevo estática mirando las ondas de humo que habían quedado mientras se le hacía un nudo en la garganta.
      Al salir al pasillo, la Weasley encontró todas las puertas de los dormitorios de sus compañeros abiertas de par en par. Miró a su alrededor, las habitaciones estaban desiertas por lo que se aventuró a asomarse al otro extremo del pasillo, y solo se escuchaba un leve "tic-tac" de lo que parecía un reloj grande y antiguo proveniente del pasillo cercano a la gran escalera.
¿Dónde demonios se habían metido los demás?
-¡Chicos! –camino a paso ligero dando zancadas. Definitivamente estaba harta de tantas sorpresas extrañas. El corazón le latía a ritmo frenético recordando la rasgada voz y los ojos de pena de la extraña silueta.
Se iba a volver loca.
       ¿Qué era esa visión vaporosa de una joven deprimida y por qué le advertía una y otra vez que se marchara? ¿Habría sido ella la que habría provocado los otros extraños sucesos?
-No seas tonta –se dijo a sí misma en voz alta-. Los fantasmas no existen.
"Los fantasmas no existen."
"Los fantasmas no existen."
"Los fantasmas no existen."
       De repente el "tic-tac" del reloj se escuchó con más intensidad, provenía de las primeras plantas. Bajó las escaleras decidida a buscar a Zyron Burke por toda la casa. Mientras pensaba cómo ver toda esa serie de absurdos desde una manera lógica y su enfado y frustración iban en aumento. Al llegar a la planta baja se encontró un ambiente muy cambiado: El amplio vestíbulo era más luminoso recargado en decoración, todo le pareció más grande y con una luz más cálida. Se topó en una esquina de un pasillo con el enorme y extravagante reloj de péndulo que en ese momento dio las dos de la madrugada en unas campanadas extrañamente largas y parsimoniosas haciendo vibrar las manecillas.
      Sintió un escalofrío al contemplar que la gran puerta principal se abría de par en par dejando entrar a través de la tormenta sombras y siluetas parecidas a la que había visto hace un instante en su dormitorio, pero con distinto aura. Daba la impresión de que entraba gente, pero eran juegos de sombras, esferas y siluetas transparentes cuyos ojos, de distinto color cada uno, centelleaban en la oscura noche. Eran sombras con rostros poco humanos.
Un violín empezó sonar desde el ala este de la mansión, y Ginny sintió otro vuelco en el corazón.
   ¿Eran fantasmas? Los susurros y bullicio que empezaban a emerger en el vestíbulo le hicieron olvidar por un momento de que había perdido a sus compañeros de viaje. Estaba sola en una sala que empezaba a llenarse de extraños seres traslucidos que parecían no notar su presencia a pesar de que empezó a deambular por el vestíbulo mirando incrédula a su alrededor sin dejar que nadie o nada la rozara.
Todo era tan absurdo.
Empezaba a sentirse tan cansada.
¿Por qué estaba sola?
       En ese gran vestíbulo empezaban a entrar diversidad de siluetas hablando en lo que parecía una lengua desconocida para la chica, sus rostros eran apagados y daba impresión de que cada uno tenía distinto ropaje.
-Señorita –escucho una voz familiar a sus espaldas-, le dije que no saliese más allá del pasillo.
       Zyron Burke la cogió con suavidad de la muñeca. Ese hombre también tenía las manos gélidas, apretaba su muñeca firmemente y Ginny se dejó llevar al reaccionar tarde, no entendió por qué, pero en ese momento no fue capaz de hacer fuerza para alejarse.
-¿Y mis compañeros? –preguntó tomando aire y frunciendo el ceño evitando mostrarse en shock por todo lo que estaba viendo.
-Están reunidos con la señora de la casa. O el jefe, como han prefierido llamarla.
-Lléveme con ellos –exigió para luego perder la poca compostura que le quedaba volviendo a mirar a su alrededor-. ¿Qué pasa aquí? ¡¿Qué es todo esto?!
-Esto, es el precio de deambular por el hotel a altas horas de la noche. Le dije que no saliese del pasillo –parecía imperturbable-. Ahora, acompáñeme, señorita Weasley.
    Tras recorrer infinitos tramos de escalera junto a un siniestro y extrañamente contento Zyron Burke, Ginny fue observando impactada cómo el ajetreo y el bullicio empezaba inundar el Hotel Paradise, entre música, murmullos y gritos desgarradores en algunas estancias. Algunos objetos se movían solos a su alrededor, luego veía que eran las extrañas sombras las que los manejaban como si fuesen personas normales. Esas cosas sin embargo no parecían notar en ningún momento la presencia de la joven.
    La chica no entendía bien por qué se dejaba llevar agarrada por Zyron de la muñeca. En su mente aparte de del asombro con por todo lo que iba cruzando en el camino, no había hueco para otra cosa que para una gran sensación de rabia y no paraba de pensar qué habría sido de su hermano y de los demás.rE
    Todo el hotel parecía metamorfosearse mientras caminaban. Ella trataba de buscar señales que la acercasen a sus compañeros de viaje, e iba percatándose de que incluso las paredes habían cambiado de aspecto; ahora eran color crema y estaban llenas de cuadros con diversas caras y paisajes y candelabros grandes y dorados. El suelo que pisaba también era distinto, de baldosines negros y blancos, en cuya superficie los únicos pasos que resonaban eran los de Zyron y los suyos a pesar de que algunos pasillos estuviesen abarrotados de siluetas de gente con ojos penetrantes y a la vez perdidos.
-¡Chicos!... ¡Ron... ¿Dónde estás?! –exclamó la muchacha.
-Por favor, no alce la voz –dijo Zyron con seriedad-. Eso no les gusta.
-¿Dónde estáis todos? ¡Salgamos de aquí! –gritó a pleno pulmón ignorando al amo de llaves que la arrastraba en ese momento con paso más ligero.
-No le servirá de nada gritar. Así sólo molesta a nuestros huéspedes, señorita Weasley, será mejor que no se altere.
    Burke seguía teniendo ese aire de parsimonia y naturalidad, de la nada le hablaba por su apellido, debió de leerlo en los informes que rellenó con el resto al entrar al hotel.
     Llegaron al último piso donde una enorme puerta tallada en madera noble y con detalles en oro impedía el acceso al ala este de toda la planta. A Zyron le bastó con rozar levemente con los nudillos una de las puertas para que se abrieran de par en par resonando en el pasillo estruendosamente, lo que hizo que la Weasley se volviera a alterar. Pasaron un amplio salón recargado con colores oscuros y de estilo gótico, nada que ver con las partes del hotel que había visto antes. Esta zona era entre lúgubre y elegante. Volvieron a parar ante una puerta entreabierta, negra, menos recargada y con una mirilla extrañamente inquietante, con un ojo de gato verde colgando en un grueso cordel en el pomo de la puerta. Ginny notó una arcada al observarlo y ver que el ojo se movía de un lado a otro como si estuviera vivo.
-¿Es la última? –se escuchó una voz grave y femenina al otro lado.
-Sí, solo eran seis –respondió Zyron.
-Bien. Que entre ya...
-Pase, señorita Weasley –dijo el amo de llaves soltando por fin la muñeca de la joven y abriendo la puerta por completo. La chica le lanzo una mirada de odio antes de verse obligada a entrar. De todas formas, a pesar del miedo que empezaba a sentir, tenía una inmensa curiosidad por ver quién se escondía tras esa puerta.
Sin embargo no estaba preparada para lo que vio:
   Una amplia sala con paredes de un color naranja intenso con estampados en negro y unas extrañas pinturas. Era como un despacho antiguo de oficina, con un gran ventanal tapado con cortinas grises, las estanterías y las mesas estaban repletas de extraños artilugios, joyas, libros, cajas y baúles. De los candelabros colgaban extraños amuletos y la chimenea negra con detalles desprendía un fuego crepitante. De alguna parte emanaba olor a incienso. En la alfombra se hallaban tendidos los cinco jóvenes con la mirada perdida y tres manchas de sangre en sus frentes. A Ginny se quedó helada. Estaba tan impactada intentando asimilar lo que veía que no se dio cuenta de que alguien la observaba con atención desde la butaca del escritorio.
-¿Te ha gustado el paseo por mi hotel?
    La voz grave y femenina sonaba tranquila y despreocupada. Se escuchaba el tamborileo de sus dedos en la mesa. Parecía que quien fuera se deleitaba con la escena y que había estado esperando a Ginny mucho rato.
       La pelirroja tardó en reaccionar y tras un instante tuvo algo de miedo pensando en si girarse para ver quién era la mujer que reclamaba su presencia.
-No seas tan tímida, eso no te pega, Ginevra Molly Weasley.
     La mujer se puso en pie y dio la vuelta al escritorio para hacerse ver con claridad a la luz de las velas, lo que hizo que Ginny se sintiese aún más intimidada; Era esbelta y hermosa, con una mirada firme y segura, de pómulos prominentes y largas pestañas, sus impactantes ojos eran tan extraños como todo lo que la rodeaba, tenía el ojo derecho de un color verde intenso y el izquierdo de color azul. Sus finos labios carmesí esbozaban una tenebrosa media sonrisa. Tenía una expresión tranquila. Su melena, de un rubio oscuro, estaba firmemente recogida en una larga y gruesa trenza, pero su mirada se escondía entre dos anchos mechones sueltos de pelo con mechas color negro. Llevaba un vestido antiguo y largo de color negro y morado con volantes y encaje en la falda y mangas estrechas y lisas que le hacían los brazos delgados. Estaba cubierta de collares extraños y en cada dedo llevaba un anillo distinto y llamativo. Era una imagen muy gótica.
¿Quién era esa llamativa mujer con ese aire de seguridad que hacía pensar que se burlaba de la chica?
-¿Qué les ha hecho a mis amigos? –dijo por fin Ginny en voz baja, con una nota de furia en su interior al verlos a todos tendidos.
-Tranquila, no están muertos –dijo con una nota de aburrimiento al final-. Están inconscientes... Despertarán al amanecer.
Al oír eso Ginny sintió cómo se le quitaba un peso de encima y miró a Ron un momento y se sintió impotente.
-Ya, claro, ¿cómo puedo fiarme? ¿Quién es usted y qué quiere de nosotros? ¿¡Qué sitio este!?
-Haces demasiadas preguntas... Calla un poco –la mujer empezó a pasearse por el cuarto analizando a Ginny con la mirada-. Yo soy Isobelle la gerente de este hotel. ¿Quién te crees que eres para venir a imponer tus normas en una casa ajena y tan prestigiosa como ésta?
-¿Prestigiosa, en serio? Este sitio es...
-Efectivamente, este es un prestigioso hotel donde millones de espíritus anclados en el mundo de los mortales vienen a relajarse y a buscar su camino. Y en el que los brujos del otro lado vienen a reponerse de los estragos que este mundo les causa.
-Espíritus... Brujos... Qué de sandeces... ¡Está loca, y pienso decirle a todo el mundo que usted ha agredido a mis amigos!
-Eres demasiado escéptica para algunas cosas. A pesar de que has visto a mi selecta clientela no te fías de lo que digo... Así que, Ginevra, te crees que puedes irrumpir en mi propiedad con tus extraños amigos, pedir una habitación sin poderla pagar, y deambular a tus anchas cuando se te pide que te quedes en la zona que se asignó. Pues bien, ya has visto lo que es este hotel... Para una vulgar mortal es normal que te asustes.
-No estoy asustada, quiero que me deje marchar con mis amigos.
-Has visto demasiado para que os deje marchar. Y no me engañas... Yo me alimento de miedos... y apestas a miedo ahora mismo, Ginevra. No me mientas.
      Ginny se la quedó mirando desafiante y confusa a la vez. No podía creerse nada, no asimilaba nada más que el hecho de que sus compañeros y su hermano estaban aparentemente heridos. Isobelle siguió hablando:
-Al llegar, tú y tus amigos firmasteis un poder para solicitar una habitación, lo que me hace responsable y a vosotros vulnerables.
-¡Explíquese! No dice más que locuras.
La mujer parecía estar jugando con Ginny y disfrutar de su confusión.
    La Weasley estaba muy harta y solo quería encontrar respuestas y una salida segura. Pero con el resto inconsciente todo le iba a resultar aún más difícil.
-Acabo de hacerles a tus amigos una oferta que no han podido rechazar. La misma que te voy a proponer a ti.
-¡Yo no hago tratos con nadie!
-Tanto si te gusta, como si no, ahora todos vosotros trabajaréis para mí.
-¡Deje que me vaya con mis amigos o se arrepentirá!
-¡A mí no me levantes la voz, pequeña arpía pelirroja! –exclamó cambiando a un semblante iracundo para luego soltar una carcajada-. No estás en condiciones de exigir nada en mi casa. Después de acogerte a ti y tu tropa... Desagradecida e ingenua. Lo tienes todo.
Ginny, por un impulso, se acercó a su hermano y le zarandeó intentando que reaccionase.
-¡Deje que nos marchemos! –intentó mover al resto uno por uno como pudo hacia la puerta, pero no reaccionaban. No sabía qué hacer y esa mujer solo le provocaba desagrado y desconfianza. Cuando pasó uno por uno entre sus compañeros pudo estar completamente segura que nada de eso era una broma pesada y que se estaba volviendo loca de remate-. ¡Tenéis que despertaros! Venga...
-Calla de una vez –Isobelle, cansada de tanto melodrama e histeria ante sus ojos, la cogió por el cuello y Ginny sintió cómo le clavaba las uñas en la garganta.
      La joven contuvo un grito e intentó zafarse pero le fue imposible. Volvió a sentir el frio que sintió con el tacto de la fantasmagórica figura que se le presentó en su dormitorio y a la vez notaba el calor en el tatuaje de la pierna.
-Ya he jugado bastante contigo. Hasta nunca, Ginevra Molly Weasley. A partir de ahora serás, "Bonnie"- Isobelle puso la otra mano en su frente-. Ni pasado, ni futuro, tan sólo este presente.
El pasillo quedó en penumbra y Ginny se desvaneció cayendo en la alfombra con el resto.
"Ni pasado, ni futuro, tan sólo este presente."
***
      Despertó sobresaltada en una habitación de paredes de un verde grisáceo que le impactó en los ojos. Inhalando y exhalando con rapidez. Sentía que el corazón se le iba a salir del pecho en medio de tanta confusión.
    El ambiente era deprimente y extraño; se hallaba en un catre cochambroso, frente a ella había un lavadero y un gran armario estropeados con el tiempo y a su lado otras dos camas una mesilla. Estaba sola, por suerte o por desgracia.
-Un sueño –musitó Ginny mirando a su alrededor y observando la tranquilidad tan inquietante que ambientaba aquel desconocido dormitorio-... Ha tenido que ser un sueño... ¿Pero dónde estoy?
     De repente se dio cuenta de que no llevaba su ropa de la noche anterior, tenía puesto un extraño camisón azul claro, con unos flecos que le rozaban en el cuello y que le apretaban las muñecas haciéndola sentir aprisionada.
       Las cortinas de la habitación estaban abiertas de par en par dejando que entrara la luz de una mañana muy clara. Se escuchaba el canto de los pájaros y se veía un cielo gris claro encapotado. 
        Se vio reflejada en el espejo del lavabo y hubo algo en su rostro que llamó su atención. Tenía la frente manchada de sangre, una sangre seca expandida en tres líneas horizontales. Se desarropó con dificultad, la colcha era muy áspera y pesada, y tenía más de una sábana. Bajó con brusquedad de la cama con el hundido colchón. En el momento en el que sus pies descalzos notaron la madera escuchó girar el picaporte de la puerta.


Continuará











7

VENTANAS AGRIETADAS


-Disculpe si le molesta –intervino Ginny-, pero, ¿qué le ha ocurrido a la fachada, van a empezar unas obras en el hotel?

-¿Por qué lo pregunta? –Zyron parecía verdaderamente extrañado o desconcertado tras la pregunta de la chica. Caminaba dirigiendo al grupo por el pasillo y de repente se detuvo lentamente en seco para después darse la vuelta y mirar a Ginny, aunque a la vez parecía que nada le perturbaba.
-Bueno, antes hemos visto tablas en las ventanas... -dijo la pelirroja dubitativa, ya que el amo de llaves pareció tardar un instante en reaccionar:
-Ah, cierto... Bueno, me temo que el Hotel Paradise ha conocido tiempos mejores. Intentamos renovarnos constantemente, pero al estar en un sitio tan apartado de las nuevas carreteras, nos cuesta un poco. Y tener estos días de tormenta tampoco ayuda mucho a la imagen. Pero tengan presente que nos alegra su visita, y aunque no lo parezca, este hotel ha sido de prestigio durante muchos años. Nos aseguraremos de que estén cómodos y con la mejor atención. Queremos abrirnos a un público más joven. Tiempo atrás este lugar fue muy familiar... Digamos que pretendemos llevarlo con elegancia a esta nueva época. Lamento que su primera impresión haya sido de desagrado.
-No, en absoluto –dijo esta vez la joven Weasley compartiendo una mirada con el resto.
-Simplemente nos sorprendió encontrar una casa de este estilo cuando pensábamos que caminábamos hacia la nada –explicó Harry intentando ayudar a Ginny a que su último comentario no pareciera descortés.
        Dada la parsimoniosa y elegante postura que Burke les presentaba desde el principio, los jóvenes se sentían sumamente inclinados a hablar con la mayor educación que les era posible, ya no solo por gratitud. Era una sensación extraña, el amo de llaves influía de cierta manera, y al menos Ginny se sentía algo incómoda por tanta formalidad, llegaba a ser desconcertante. No sabía si era por la simpatía de Zyron Burke, pero notó al resto un poco reticente a cruzar un último pasillo apartado de la gran escalera en el segundo piso. En todo el recorrido no se habían cruzado con nadie más ni habían percibido mayor ajetreo.
-Bien, segundo piso. El hotel se compone de tres plantas accesibles a los huéspedes; Me he tomado la libertad de distribuirles por género; dormitorios de las damas a la izquierda, caballeros enfrente a la derecha –Zyron les fue indicando sus estancias.
        Las puertas de las habitaciones eran señoriales y estaban talladas al detalle como cabía esperar en un sitio así, de madera noble y oscura, y los números de la habitación se hallaban remarcados en pequeños carteles debajo de lo que parecían ser las mirillas de las puertas.
      Al fondo del pasillo había una gran ventana, también tapada con una cortina tupida, en color amarillo mostaza muy oscuro. Ginny pudo percibir un destello del exterior a través de ella, tal vez una farola o la luz de la luna.
         Cuando Zyron terminó de asignar las habitaciones Ginny ocupaba la tercera puerta al fondo a la izquierda junto a la ventana, en la puerta de frente estaba Draco, las habitaciones del medio las ocupaban Harry y enfrente suyo Hermione, y las de la entrada al pasillo Ron y Luna.
-Les avisaré cuando el señor esté libre. Mientras tanto, por favor, no salgan de sus habitaciones.
-Está bien, esperaremos –dijo Ron contemplando el interior de su dormitorio-. Gracias por todo.
-No hay de qué. Recuerden, no se alejen de este pasillo, o se perderán –Zyron Burke les dio a cada uno la llave de su estancia y se retiró por otro pasillo del segundo piso con los documentos firmados por los chicos en la mano.
          La última en entrar a su habitación fue Ginny, utilizó la llave de su dormitorio –antigua y con un pequeño cartelito con el número de la habitación- y una vez dentro se deleitó hasta con el sonido de las bisagras de la puerta; Todo estaba, como no, decorado al estilo victoriano, el papel de la pared era grisáceo con motivos florales estampados, los muebles se mimetizaban con el suelo de madera, había un robusto armario con un espejo en la puerta y grabados a una esquina, la cama estaba cubierta con un dosel de fina tela blanca y una cómoda a cada lado con lámparas de aceite, predominaba un color rosa apagado en la colcha bordada y en los sofás cercanos a una chimenea y a un escritorio con un jarrón con flores púrpuras. Ginny volvió a sentirse abrumada, parecía la habitación de una niña rica, pero a la vez no tenía queja alguna. Dejó su mochila en el sofá y se paseó con cuidado de no estropear la alfombra. Al lado de la entrada había una puerta, supuso que era el baño. Daba la impresión de que esos muebles no se habían usado en mucho tiempo. Las dos ventanas del dormitorio también estaban cubiertas con gruesas cortinas de color rosa.
         Escuchó las voces de los otros cinco en el pasillo por lo que decidió salir a ver de qué hablaban. Se encontró con Hermione apoyada en el marco de la puerta del cuarto de Harry y Luna se paseaba por el pasillo observando el papel de pared como si fuera la cosa más interesante que allí había.
-Esto es precioso –comentó Granger-. Estarán de obras, pero se nota que cuidan los detalles, Algunos de los muebles de mi cuarto parecen antiquísimos.
-El único fallo es que en la almohada no han puesto los típicos bombones de menta –dijo Harry sacando unas cuantas cosas de su mochila e hizo reír a su amiga.
        Ginny se asomó un poco a la habitación del chico, la distribución y los muebles eran similares, pero ese cuarto era más masculino. Predominaban el negro, el azul y el rojo. Y no tenía doseles en la cama. Tan solo había una ventana y estaba tapada por una cortina con bordados rojos.
-Todo está tan bien preparado que da un poco de reparo tocar algo por miedo a que se rompa –comentó Ginny.
-Parece que somos los únicos huéspedes.
-Es temporada baja de turistas –observó Hermione-. Por estas fechas suelen empezar abrir y acondicionar este tipo de casas, quizá lo han tenido muy dejado en invierno... Y parece que hace poco que haya llegado la luz eléctrica. Es como un hotel temático.
-Hay que reconocer que esto es lo mejor que nos puede pasar tras una tormenta –se escuchó a Ron desde su dormitorio. Ginny sintió curiosidad y se asomó a ver que hacía su hermano; la habitación era más o menos como la de Harry, el pelirrojo estaba tumbado en la cama boca arriba y con los brazos reposando en forma de almohada, se había quitado las empapadas botas y estaba en manga corta. Había encendido su chimenea y puesto su mochila y su chaqueta a secar. Parecía que en ese momento no había nada que lo perturbara.
-¿Qué? –espetó el chico al ver que su hermana se lo quedaba mirando.
-Nada –dijo enseguida la chica cruzándose de brazos-. Que parece que ya no estás tan preocupado por lo que debe costar la habitación.
-Claro que lo estoy, además no solo tengo que pagar la mía.
-Por mí no te preocupes a estas alturas, Ron. He estado ahorrando desde hace meses y puedo encargarme de MIS gastos.
-¿Qué quieres decir con "a estas alturas"? –el chico se levantó de la cama con lentitud hasta quedar sentado y la miró con el ceño fruncido.
-Que me voy a cambiar la ropa mojada –sentenció Ginny saliendo del cuarto.
-Yo también –dijo Hermione-. No me hará gracia que además de todo lo que nos ha pasado hoy también terminemos acatarrados.
-Este tal Zyron nos debe de estar tomando el pelo –dijo Draco saliendo de su habitación-. ¿Habéis visto la calidad que hay aquí? Seguro que son suites VIP. Yo por mi posición me lo puedo permitir... ¿Pero darnos las mejores habitaciones, así, sin más, sin decirnos el precio y sabiendo en las condiciones que hemos llegado?
-¿Si te lo puedes permitir, qué más te da, Malfoy? –cuestionó Harry asomándose al pasillo.
-Si somos los únicos huéspedes y no hay reservas, habrá pensado que qué más da que usemos estas suites -opinó Hermione.
-Nadie es tan amable... Querrá cobrar un plus cuando nos vayamos. Y sino, esperad a ver qué nos dice su jefe.
-Pero Burke nos ha dicho que este hotel fue prestigioso en su día –señaló Granger-, será normal que conserven antigüedades y que el ambiente esté tan decorado. ¿De veras crees que son las mejores habitaciones?
-Es un medio para promocionarse, seguro. Por otro lado, es normal que intente impresionarnos, teniendo en cuenta el exterior y lo que ha dicho hace un rato de renovarse, no tendrán visitas desde hace mucho tiempo.
-"Tan sólo Malfoy", deberías tener un poco más de fe en la gente –dijo Luna aun absorta en el papel de pared, pasando por su lado rascando un borde del marco de la puerta de la habitación de Ginny.
-Y dale... ¿Y eso ahora a qué vendrá? –se limitó a susurrar el chico rodando los ojos-. Tal vez no lo sean porque ni siquiera han puesto un mini-bar para poder aguantar vuestras charlas nocturnas.
-Tranquilo, nosotros no te aguantaríamos ni borrachos –espetó Ron haciendo reír sonoramente a Harry y discretamente a Hermione.
-Nadie te obliga a quedarte en el pasillo a escuchar –dijo Harry-, para eso querías una habitación para ti solo.
-Estoy intentando cargar el móvil de mi padre, pero no encuentro enchufes por ningún lado –dijo Luna ignorando la nueva discusión-. Ni en mi habitación ni en el pasillo. ¿Vosotros tenéis?
-No –contestó Ron saliendo al pasillo-. Yo tampoco he encontrado ninguno.
-Parece que no hay en ninguna habitación –dijo Hemione-, podemos preguntarle al señor Zyron.
-Es muy raro, parece que todos nuestros teléfonos han dejado de funcionar a la vez –observó Ginny.
-Quizá sea por la tormenta –comentó Luna-. Una anomalía en las ondas.
-Se habrá estropeado alguna torre de esas de telefonía –supuso Ron despreocupado pero a la vez observando la cara de suspense que ponía la chica rubia.
-¿Sí, pero que falle la batería del móvil también? –cuestionó Harry- No es muy normal, por el golpe en coche no creo que haya sido.
-Si tuviese aquí mi móvil... -se lamentó Hermione.
-Una vez leí un artículo en el que sostenían la teoría de que en noches tormentosas podía haber anomalías en campos electromagnéticos creados estratégicamente para que los ovnis no sean detectados al pasar por ciertos puntos de la Tierra.
-Eso no es posible, Luna –defendió enseguida Hermione poniendo cara de escepticismo.
-He dicho que es una teoría.
-Ya, pero...
-Bueno, mientras estemos bajo techo, en una noche así a mí me da un poco igual el teléfono –cortó Ginny observando la cara de su hermano y la de Hermione, seguramente pensando que Lovegood leía demasiados comics. No quería más discusiones ni que se metiesen con Luna-. Ya tenemos un plan de qué hacer mañana. Así que descansemos, tendremos tiempo para pensar a quién llamar. No le demos más vueltas.
-Eso si están en casa para cuando llamemos –dijo Ron.
-Es una pena, tanta gente y a la hora de llamar por ayuda no hay nadie... -comentó Draco con sorna.
-¿Quién te crees que eres para decir eso? –soltó el pelirrojo ya muy harto frunciendo el entrecejo y mirando casi con incredulidad a Malfoy-. Seguro que tus padres están ya de vacaciones en una isla, desconectados, sin querer saber nada de ti. Incluso te han quitado el teléfono para que no les molestes. Yo por lo menos tengo gente que, tarde o temprano llama y pregunta. A mí no me viene a buscar mi chofer y me voy solo, me voy rodeado de mi gente –recalcó su última frase.
-Vete a la mierda, Weasley –se limitó a decir el chico con odio antes de entrar en su habitación y cerrar la puerta.
-Ahí te has pasado un poco, Ron –musitó Hermione acercándose a su amigo con cara de exasperación.
-¡No, si ahora el malo voy a ser yo! Me da igual cómo se lo tome, es la verdad. Llevamos todo el día con lo mismo...
-¿Cómo sabes que es la verdad? –cuestionó Luna de repente. Había dejado sus paseos y se disponía a irse a su cuarto. Ginny pensó que la chica se vio obligada a intervenir por algo serio. Era la primera vez que se metía en la disputa "Weasley vs Malfoy"- Cada uno en su casa tiene una historia. Él no puede dar por sentado la tuya ni tú la suya.
-Eso es cierto –señaló Ginny.
      Hermione y Luna entraron en sus habitaciones y Harry siguió a lo suyo con la puerta de su dormitorio abierta como si nada.
-¿Y tú que dices ahora? Se ha metido otra vez con nuestra familia –Ronald se dispuso a entrar en el cuarto de su hermana para no darse por vencido en su defensa.
-¡No estoy en absoluto de parte del idiota de Malfoy!
-Fíjate que en eso te creo, porque casi nos arreas un tortazo en el bosque antes de que cayese el rayo en el árbol.
-En chulería y en ser borde estáis igualados. No ganaréis nada más que humillaros. Todos lo están viendo. A ver si maduras ya, Ron.
-No soy el único que debe madurar aquí. A ver si controlas un poquito más tu genio y dejas de lanzarme indirectas y me dices de una vez por todas lo que te pasa conmigo.
-¡Mi genio es mi genio y no puedo cambiarlo por mucho que quiera! Y ahora vete para que pueda cambiarme-. Le cerró la puerta en las narices y soltó un largo suspiro.
        La Weasley estaba exhausta mental y físicamente. No quería más discusiones. Se dejó caer en la cama y para su sorpresa notó el colchón muy blando y la colcha sedosa. Se quedó boca arriba unos instantes contemplando el techo, intentando vaciar su mente, pero no lo lograba. Tenía una extraña sensación desde que entró en el hotel. Todo le era extrañamente familiar... Al cabo de un rato empezó a notar el ambiente algo cargado. Se dio cuenta de que la chimenea estaba encendida:
-¿Pero cuándo...? –musitó la joven. Sabía que estaba apagada al entrar. Se levantó de un salto y se acercó para ver si tenía algún mecanismo que la encendiese automáticamente, pero era una chimenea simple y normal de las de toda la vida.
       De repente se dio cuenta de lo que la había estado molestando desde que entró en el hotel; todas las ventanas estaban tapadas. Entendía que con el tiempo que hacía no había un paisaje muy agradable de ver fuera, pero cuando se asomó a la ventana del vestíbulo parecía que hacía una noche muy distinta a la que ella y su grupo estaban pasando.
       Decidió asomarse y así poder observar un poco mejor la fachada desde el piso superior para ver si podía distinguir un poco más el terreno. Fuera resonaban de nuevo las gotas de lluvia con mucha más intensidad, escuchó retumbar un trueno. Al descorrer la gruesa cortina se extrañó, el cristal de la ventana no estaba mojado, no se veían las gotas de lluvia estampadas y el cielo estaba completamente despejado desde su perspectiva. Podía verse un cielo repleto de estrellas, de esas que solo se ven bien en el campo, y una clara y enorme luna llena en medio del oscuro cielo con sus rayos chocando contra la fachada del hotel. Vio que en las otras ventanas también había tablas.
     La suya era la típica ventana con dos puertas, apresurada buscó el manillar y abrió con lentitud una de ellas. -Ahora sí que no entiendo nada- se dijo a sí misma. Al abrir pudo notar como la tormenta arreciaba con una brusca brisa y el cielo tan despejado que vio desde el interior antes de abrir cambió por uno encapotado, notaba cómo las gotas le salpicaban y escuchaba cómo se estrellaban en la fachada, las aceras y los charcos de los jardines. Se asomó todo lo que pudo hasta la cintura sosteniéndose en una cornisa, empezó a mirar a fondo el exterior; no se distinguía gran cosa, había un par de farolas iluminando tenuemente lo que supuso era la entrada que ella y el resto habían utilizado. Al fijarse en las ventanas del segundo piso desde su izquierda pudo ver la habitación de Hermione y seguidamente la de Luna, luego el resto de la fachada que se curvaba hacia delante y tenía unos ventanales más altos, llegaba a ver parte del primer piso también y el bajo cubierto con un porche con fornidas columnas como las que había a la entrada del hotel solo que un poco más pequeñas, para su sorpresa todas y cada una de las ventanas estaban cubiertas con tablas en todos los pisos que llegaba a ver.
    Volvió a adentrarse en el calor de la habitación medio atónita de ver que los cristales de su dormitorio reflejaban una noche muy diferente a la que estaba siendo en realidad. No dejaba de comprobarlo, se puso delante de las puertas de ambos cristales un rato, las abrió y las cerró un par de veces. Era como tener delante una pantalla de móvil u ordenador con un video antiguo del mismo lugar al que estabas mirando. En el escenario de dentro todo era cálido, con un bello paisaje nocturno, propio de la típica noche veraniega y escenario de fuera la tormenta arremetía y las ventanas estaban entablilladas.
      Volvía a notar calor en el bolsillo de su pantalón pirata por lo que sacó el pañuelo con la medalla y lo apretó en su mano izquierda.
      Necesitaba comprobar otras ventanas. Salió del dormitorio y abrió la cortina del pasillo, el gran ventanal tenía una pequeña cerradura en la parte superior pero al pegar la cara al cristal volvió a ver reflejada la tranquila noche que veía en el interior de su dormitorio. Se separó del ventanal y, contrariada, volvió a correr la cortina. En ese momento vio que Harry tenía la puerta de su habitación entreabierta y quiso matar la curiosidad:
-Perdona, ¿Harry, puedo pasar? –se aventuró dando dos golpecitos en la puerta. El chico estaba sentado en una butaca negra y su expresión pareció de mucha sorpresa al principio. Ciertamente ni ella misma se esperaba que algún día llegase a llamar a su puerta.
-Sí, ¿qué ocurre? –el chico de la cicatriz se puso en pie.
-Me gustaría comprobar una cosa –algo agitada más que por la mera curiosidad, entró dirigiéndose a paso firme hacia la ventana.
-¿Qué necesitas? –balbuceó el muchacho.
    La chica intentó medir sus palabras. No sabía cómo explicarle al muchacho qué era lo que necesitaba comprobar, aunque por otro lado tampoco le parecía complicado, no quería ponerse más nerviosa de lo normal ni parecer una paranoica con el tema de sus malos presentimientos.
-Es que, estaba en mi habitación cuando he empezado a curiosear, algo me ha llamado la atención, y es que parece que mi ventana es la única que no está tapada en el hotel.
      Cuando la joven descorrió la cortina se encontró la ventana tapada con una tabla desde fuera y el cristal estaba notablemente estropeado, parecía que hubiesen apedreado la ventana numerosas veces y lo hubiesen querido tapar.
-Vaya... -soltó Harry-. Eso le quita un poco de encanto a la habitación.
-¿Lo ves? Parece que las ventanas del porche y el primer piso no eran las únicas que estaban tapadas.
-Bueno, ya sabes lo que ha dicho Zyron, nos ha dado a entender que el hotel no está en muy buen estado. Puede que la mayor parte de la fachada esté aún por arreglar y les resultará difícil proteger las ventanas. No sé...
-Es que... Parece que todas las ventanas están entablilladas menos la mía y, bueno, la del pasillo, pero cuando me asomo a mirar... Te va a parecer muy raro, pero es como si hubieran puesto una pantalla o algo para cambiar las vistas de fuera, no se ve la lluvia caer y el cielo está tan diferente...
-¿Crees que estén poniendo decorados?
-Quizá por eso tu ventana esté tapada, deben de usar algún aparato tecnológico pero luego miro y veo que no tenemos ni enchufes y, en fin, que me parece muy raro.
-Sí... Podemos preguntarle a Burke más tarde.
La chica asintió.
-De todas formas hemos tenido suerte, tal y como está la habitación de bien, la ventana no me preocupa.
-Ya, bueno. Vuelvo a mi cuarto...
Se produjo un silencio y la chica se dio la vuelta dispuesta salir al pasillo, pero Harry tomo aire y dijo:
-¿Ginny, estás bien? Me ha parecido que Ron y tú habéis vuelto a discutir, pero esta vez más seriamente.
-Ya, no es nada nuevo –volvió a darse la vuelta cruzada de brazos-. Le conoces, a veces se le va la fuerza por la boca. Siempre estamos así, en tensión.
-Ya –el chico soltó una leve risa-. No logro entender bien por qué.
-A veces yo tampoco, tonterías de hermanos –dijo poniendo una cara entre seria y desganada.
      El chico no estaba seguro de que Ginny quisiese profundizar en el asunto de Ron. Tras años junto a su amigo, era la primera vez que veía tan de cerca la relación que éste tenía con su hermana lejos del resto de los Weasley por lo que no se podía basar en su experiencia entre hermanos, pero tampoco se imaginaba que ambos pelirrojos estuviesen tan cortantes y fríos entre ellos. Sin embargo sabía que Ron parecía tener siempre algo que decir de su hermana, pero nunca lo hacía. Y Harry tampoco había prestado demasiada atención.
-Parece que estar aquí te pone algo nerviosa... -cambió de tema observando la postura que Ginny tenía cruzada de brazos, como en guardia frente algún acontecimiento.
-¿Aquí, dónde exactamente? –dijo la chica sin saber si se refería al hotel o al estar en la misma habitación por primera vez en un largo rato y completamente a solas con Harry Potter.
-En el hotel –dijo el chico encogiéndose levemente de hombros tras pensar un instante su respuesta.
-Ah...Yo... Lo sé. Es que, te parecerá raro, pero no dejo de tener una mala sensación desde que hemos entrado. Burke parece muy amable, pero no entiendo por qué algo no me encaja...
-¿Tienes miedo? –dijo el chico mostrando una media sonrisa- Nunca me has parecido de las chicas que se asustan con facilidad.
-No, no es miedo –sentenció ella devolviéndole la sonrisa y a la vez alzando una ceja y descruzando los brazos- Después de recorrer estos pasillos lo que tengo es curiosidad.
-Mezclada con esa mala sensación.
-Es complicado...
-Bueno, que no sea nada.
-Voy a cambiarme antes de que Burke vuelva a buscarnos.
-Vale –Ginny se sintió analizada al detalle por el chico durante la corta distancia que recorrió de la ventana a la puerta y al cerrar tras de sí volvió a exhalar otro hondo suspiro.
      La medalla seguía quemando en su mano. Apartó el pañuelo molesta por el calor que desprendía, era blanco con pequeños estampado grises y siempre solía llevarlo consigo en los viajes para limpiar las gafas de sol, normal y corriente, y de repente pudo ver que en él se había grabado en letras negras la palabra "MÁRCHATE", como si la hubiesen bordado con sumo cuidado.


Continuará