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07 noviembre 2020

Ranas de chocolate - 3

 

 


3

 

Una noche fría de diciembre. 

Una noche de magia y elegancia. 

Estaba a punto de terminar una gran celebración en la que todo había sido música, baile, risas...

Era un 25 de diciembre en Hogwarts diferente, en medio de un torneo en el que cuatro posibles vencedores se ven enfrentándose esta vez en la pista de baile en lugar de con un dragón.

La noche para algunos se hizo muy corta, sobre todo, para un grupo de Slytherins que marchaban entre risas y con disimulo hacia la torre de Astrología para seguir con una fiesta privada antes de volver a su sala común.

Todos tenían esa especie de adrenalina por el cuerpo con una grata sensación al haberse escabullido de los prefectos esa noche. Entre ellos, el grupo de Draco Malfoy había movido hilos y sobornado a algunos para que les dejasen un rato más fuera de la cama.

Ni si quiera los profesores estarían al tanto de sus escaramuzas. Parecía que en realidad habían organizado el baile para ellos más que para los alumnos y a alguno se le había podido ver con una mirada más relajada de lo normal mientras sostenía su copa.

Seis jóvenes caminaban a paso despreocupado sintiéndose en ese momento los reyes del castillo, eso sí, procurando no alzar mucho la voz de todas formas. Comentaban los mejores momentos de la noche:

–Diggory ha quedado impresionado cuando he hecho el encantamiento para transformar el ponche en algo más fuerte –alardeó el joven y engalanado Malfoy.

–¿Y habéis visto lo patoso que estaba Potter bailando con Patil? –comentó Pansy Parkinson en tono burlón mientras se recogía la cola de su vestido gris con unas flores estampadas que remarcaban su pomposidad y la vez pretendían causar el efecto que buscaba en los chicos, en concreto en Draco, su pareja de baile- Qué patético...

–Y no me hagas hablar de la túnica de Weasley... -continúa él tomando a la muchacha del brazo con delicadeza mientras esta se ríe tontamente.

–Yo en su lugar habría quemado esa cosa –intervino Zabini haciéndoles reír a ellos y a su acompañante.

–Id subiendo. Pansy y yo vamos a por la bebida.

–¿Al final dónde la has escondido, Draco?

–En el baño de Myrtle la llorona –respondió compartiendo esa vez las risas con Crabbe y Goyle. El par de muchachos grandullones estaba custodiando bajo sus túnicas las últimas provisiones adquiridas en el Gran Comedor. Se sentían bastante entusiasmados de cambiar a sus parejas de esa noche por unos grandes pasteles de frutas, poco les importaba y parecían más satisfechos con el cambio-. Nadie entra ahí y ella estará callada. 

-¿Cómo puedes estar tan seguro? -preguntó esta vez la acompañante de Zabini y amiga de Pansy.

-Porque si no, le dije que me chivaría a la Dirección de que le da por espiar a los chicos en los baños de otras plantas... –Draco y sus guardaespaldas compartieron miradas cómplices y de suficiencia, sabiendo que no mentían pero que de todas formas exagerarían más esa amenaza.

–Esa gafotas me da escalofríos, Draco. Nos daremos prisa... -advirtió Pansy- No sea que se ponga a gimotear porque no ha podido ir al baile.

–Bueno, podemos dar un rodeo sin prisa...–le susurró a su pareja y ella volvió a soltar una risita bobalicona– Id tirando. Crabbe y Goyle vigilarán las escaleras de la torre por si acaso.

–No os demoréis demasiado, parejita, que no queremos que se estropeen las bebidas –les dijo Zabini empezando a alejarse por el pasillo con la pandilla.

–Vamos, Blaise, seguro que las bebidas aguantan aunque den un paseo -rio la otra chica de Slytherin guiñando un ojo a su amiga.

–Cuidado con ir dando voces por ahí– señaló Draco arqueando una ceja antes de desaparecer por otra esquina del pasillo de la mano de su pareja.

La noche no podía ir mejor para Malfoy. 

Quizá ese año fuera el más prometedor hasta la fecha. Siempre evitaba pasar las vacaciones en el castillo, pero esa noche podría autoproclamarse como el Rey de Slytherin, ya que toda su casa sabía que él y su pandilla tenían grandes privilegios y habían gozado de gran influencia en el baile. Alguno de los campeones —exceptuando a Potter, obviamente— habían sido invitados con total discreción a su breve reunión en la torre, por ello quería apresurarse en ir a ver si aparecían, pero a la vez no tenía ninguna prisa en reencontrarse con el grupo, ya que se sentía bastante a gusto por el momento con Pansy y no le importaba perderse con ella en algún pasillo de camino al refugio de esa noche para continuar con la fiesta y en lo que volvían del baño de las chicas.

Las horas pasaron volando entre amigos; brindaron con cervezas de mantequilla, las cuales habían traído una para cada uno, y una botella grande de hidromiel con la que Malfoy pretendía agasajar al digo campeón del torneo que se pasara a saludar. Jugaron a las cartas con una baraja que guardaba Zabini en su túnica y a las adivinanzas encantadas haciendo siluetas con las varitas... Crabbe y Goyle se tomaron en serio su trabajo de custodiar la puerta y se sentían bastante satisfechos de su cometido, ya que por allí no pasó nadie para perturbar la fiesta.

Más brindis y cuando quisieron darse cuenta, la botella se había terminado y pensaron que nunca se habían ido tan tarde a la sala común, aunque tardasen después en acostarse. Para ellos seguía siendo una aventura. A pesar del frío, las chicas estaban eufóricas y habladoras y los chicos concentrados en el juego de cartas. 

Tuvieron que dar por terminada la noche. Y con un toque de varita transformaron las botellas en arena que arrojaron por la torre antes de escabullirse y así no dejar pruebas.

Cuando estaban casi llegando al último tramo de escaleras, Draco se percató de algo:

–Maldición...

–¿Qué ocurre, Draqui? -preguntó Parkinson.

–Por favor, no me llames así... 

–Bueno, ¿qué pasa? -quiso saber la chica cruzándose de brazos.

–Me he olvidado la capa de gala en la torre. Tengo que ir a recogerla antes de que algún prefecto empiece a merodear por allí.

–Bueno, entonces mejor que te des prisa -advirtió Zabini mirando a todos los extremos del corredor.

–¿Quieres que te acompañe? -volvió intervenir Pansy encogiéndose de hombros. Aunque con un tono no muy convincente.

os demás chicos lanzaron una mirada pícara a su amigo y líder, como queriendo insinuarle que parecía haber olvidado la capa a propósito para pasar más tiempo a solas con su chica mientras buscaban.

–No, mejor descansa -respondió él pasando una mano por el hombro fe la jovrn y lanzando una mirada a sus amigos que les daba a entender que cortasen el rollo.

La verdad es que el chico comenzaba a sentirse algo agobiado de la persistencia de Pansy por permanecer a su lado durante toda la noche como una lapa y consideraba apropiado dejar por el momento un espacio y terminar la cita con la Slytherin hasta la próxima ocasión. La muchacha parecía estar de acuerdo porque no insistió mucho  Se notaba que no quería correr el riesgo de ser castigada aunque pudiera disfrutar más de la compañía de su galán y, al contrario que él, lo expresó con claridad:

–Pues creo que mejor si te esperamos dentro  No me gusta la idea de toparme con algún profesor o prefecto de otra casa -admitió mientras jugueteaba con un cordón de la túnica del chico- Pero vamos a seguir con la fiesta en la sala un ratito más, así que, date prisa...

-Claro.

Los Slytherin se deslizaron hacia las mazmorras con cara de cansancio mientras Draco Malfoy ahora se arriesgaba a ser más descubierto que antes.

Si lo meditaba, tampoco le hacía gracia que le viesen ya a esas horas fuera de su sala común. Por otro lado, pensaba que sus amigos podrían haber sido más insistentes como Pansy y ofrecerse a acompañarle.

Mientras desandaba el camino recorrido, su mente curiosa en ese momento iba a empezar a divagar sobre gestos que se supone que son de esperar de algunos amigos, no solo de chicas a las que robas un beso en los baños...

Sabía que Pansy y él buscaban lo mismo esa noche, una tentadora compañía pero de momento nada significativo, y, por otro lado, podría calificar esa velada como una reunión de amigos y no de compañeros... o eso esperaba en el fondo.  Tras muchas dudas podría calificarlo así... sí, Eran chicos con los mismos intereses, la misma clase social, las mismas ideas, no lo pasaban mal, gastaban bromas de su estilo y no se mezclaban con "sangre sucias".

Amigos.

Si, sabía que eran amigos.

No se planteaba dejar un hueco para nadie fuera de ese estilo de vida. Esa noche demostraba que se sentía más que a gusto estando como estaba. Aunque el sucio de Potter se empeñase en mancillar su nombre y el de su familia.

De repente, el chico es sorprendido saliendo de su maraña de pensamientos cuando por el pasillo una figura blanca y menuda con una mata de pelo largo y rubio enmarañado va acercándose poco a poco a la zona de las escaleras. Al principio habría dicho que era un menudo fantasma pero según se acercaba se dio cuenta de que era una alumna y no parecía venir del Gran Comedor, pues observaba que en vez de un lujoso vestido de gala, llevaba un pijama malva con nubes estampadas que parecía quedarle algo grande y en vez de zapatos de tacón, veía pasmado que caminaba a paso lento con unas botas al estilo australianas con forro por dentro que le hacían los pies mucho más grandes de lo normal. Pero lo que más le sorprendió no fue encontrarla así, sino que en una mano llevaba un calcetín grande de lana.

Todo eso junto con un par de rábanos colgantes y un collar de corchos de cerveza de mantequilla que le oscilaban por el pijama, le daban la pista definitiva acerca de quién podría tratarse:

-¿Qué diablos haces fuera de la cama, Lovegood? –le dijo a la niña entre risas y aún medio pasmado por la imagen- ¿Intentas colarte en una fiesta de mayores?

La chica no responde.

Tenía la piel blanca como la nieve y parecía estar helándose de frío. En ese momento Draco pensó que incluso podría estar hechizada.

–¡Lovegood!

–No tengo sueño –musitó por fin la aludida con una suave vocecilla medio balbuceando. A pesar de haber respondido no parecía salir del ensimismamiento y caminaba con el mismo ritmo pegándose a la pared sosteniendo el calcetín con una mano y guiándose inconscientemente con la otra en alto.

–Diablos, pero si está dormida...

–Y tú has bebido...

El chico en ese momento pegó un brinco:

–¿Cómo narices lo sabes si... estás... sonámbula?

La muchacha parecía analizar la voz que le hablaba y comenzó a seguir con los ojos entrecerrados la fuente del sonido. El chico comenzó a ponerse un poco nervioso cuando Lovegood pareció adivinar dónde estaba exactamente y le desconcertaba observar cómo le encontraba con la mirada perdida y comenzaba a acercársele. Él va retrocediendo ante todo eso de forma instintiva hasta quedarse pegado a la otra pared del pasillo.

La niña parece tan despierta y vulnerable al mismo tiempo...

–Hueles a hidromiel...

¿Sabría con quién estaba hablando?

–No pienso acompañarte a tu sala común, así que más vale que te despiertes y des media vuelta.

–¿Qué nos traerá Papá Noel? –soltó la joven de repente enfrascada en su mundo de sonambulismo.

–¡Por Merlín, esto es increíble! –exclamó el muchacho exasperado.

Aún así, pensó que esa situación era mejor que el encontrarse con algún prefecto, solo debía esperar a que la chica no despertase.

–He pensado que, si no logro llenar mi calcetín de dulces, al menos podría liberar a un elfo... –dijo la chica pausando su marcha y balanceándose un poco.

–En Hogwarts no hay elfos –respondió el chico.

-Oh, sí que los hay. A veces he merendado con ellos. Pero los de la cocina están bastante contentos, me gustaría saber si puedo liberar a algún amigo suyo en otro lado.

-Imagino que con eso en la cabeza habrás empezado a moverte.

Cuanto más la observaba, la escena le parecía aún más cómica, pero una parte de él pensaba que no podría ser real.

-Venga ya, Lovegood, estás fingiendo.

La chica no mostró respuesta alguna y siguió en la misma posición. Parecía muy expresiva incluso con los ojos medio cerrados y eso le inquietaba y le hacía desconfiar.

-Oye, ¿sabes quién soy? –le preguntó arqueando una ceja.

-Sé que no eres Santa Claus porque, si así fuera, me habrías llenado el calcetín.

-¡Uff! ¿Por qué sigo hablando contigo?... Tú no me has visto, niña.

-Vale... -respondió ella despidiéndose con la mano hacia la nada y mostrando una media sonrisa.

-Menuda Lunática... -farfulló el muchacho lanzando un suspiro mientras caminaba con las manos metidas en los bolsillos de los pantalones. Estaba decidido a seguir su camino y dejarla a sus anchas por el pasillo.

Un momento...

En ese momento nota cómo un pequeño escalofrío le recorre la espalda. De repente recordó que las escaleras habían vuelto a cambiar a placer en el lado del pasilo por donde él había llegado a ese piso y a donde la chica se dirigía en ese momento dando tumbos.

No puede estar tan dormida... ¿O sí?

Ya estaba bastante lejos del pasillo pero algo le hizo volver sobre sus pasos, una sensación de inseguridad que se incrementó cuando vio que el pasillo ya estaba vacío puesto que la melena rubia alborotaba ya había girado la esquina y se asustó más al no verla.

Ahora le parecía que el pasillo era más largo al no encontrar a esa extraña muchacha. Dando varias zancadas dio a parar al rellano de las escaleras que justo antes él había subido con tanta tranquilidad y discreción sintiéndose el rey de la fiesta. En ese momento se decía a sí mismo lo absurdo que era todo evitando que una chica rara de Ravenclaw se despeñara por las escaleras...

Apuró el paso y llegó al rellano de las escaleras donde vio a la niña como una aparición y sin ninguna intención de parar de deambular para esperar a la escalera.

Un paso más...

-¡Maldita sea, Lovegood!

El Slytherin consiguió coger a tiempo a la Ravenclaw que en ese momento parecía creer que tenía alas como el animal de su casa. Tirando primero del pijama con rapidez por la espalda, consiguió rescatarla estrechándola entre sus brazos. Se sorprendió de lo menuda que era y lo poco que pesaba. Pudo notar el frío en su piel cuando con un brazo la tomó por la cintura y con el otro por el hombro derecho para retroceder un poco más a la entrada del pasillo que habían dejado atrás.

-Venga, despierta.

-Hmmm....

El chico tenía el corazón acelerado y ella la carne de gallina.

Malfoy hizo que Lovegood se diera la vuelta para mirarle y comprobar si con el sobresalto de haber frenado una caída se había despertado o si al menos se había inmutado, pero ella seguía sumida en los brazos de Morfeo.

Uno alterado y la otra impasible.

La tomó por los hombros y comenzó a darle leves palmaditas en las mejillas. En ese momento pasó de parecerle un fantasma a una estatua de hielo y descubrió la suavidad de su piel, algo que no le desagradó.

Ella parecía reaccionar al calor de las palmas de la mano del chico pero no abría los ojos. Se había hecho un ovillo pegada al pecho del chico que le sacaba casi dos cabezas, con los brazos entrelazados protegiendo lo que llevaba como un tesoro y de repente dijo soltando un balbuceo:

-Cuidado con el calcetín... -posa con poca delicadeza en los brazos del chico el enorme adorno navideño. Pesaba y al abrirlo pudo comprobar que al final resultaba que lo tenía lleno de dulces de muchos tipos.

-Madre mía –el chico soltó a Luna y comenzó a rebuscar en el calcetín con asombro- Menudo arsenal, Crabbe y Goyle te aplaudirían y luego te robarían todo esto.

-Dulces para los elfos... -musitó Luna como respuesta apoyando la mano en una pared y posando su cabeza.

-Como para dejarte sola y que me delates... Maldición. Me vas a hacer llevarte a buscar tu sala común...

-Mi cama...

-Sí, eso. Para qué habrás salido...

-Para felicitar la navidad a los elfos domest-

-Síii. Sí ya, cállate. Parece que solo habla cuando te interesa. Como si estamparte la cabeza contra el último piso del castillo no fuera importante. Y si te dejo a tus anchas podrían descubrirme –el chico hablaba en voz baja y estaba alerta a cualquier esquina.

-Ahora no recuerdo esa canción de cuna...

Por un momento Draco se quedó otra vez perplejo e indeciso. Una parte de él desistió de despertarla, por un lado si lo hacía ya no correría el riesgo de que hubiera caídas por las escaleras y por otro, no quería que la chica fuera consciente de con quién estaba hablando y fuera testigo de su escapada.

-Mira, vamos a buscar tu sala común para que me dejes en paz y no haya otro espectro en el castillo.

Pensaba que si le seguía la corriente y conseguía redirigirla, a lo mejor lograba dejarla en algún sitio seguro.

Pero de repente le vino un flash y empezó a pensar en por qué le ponía tan nervioso la situación, si solo era una niña perdida y sonámbula... El caso era que, al ver que casi se caía, algo en él despertó...

Un suspiro.

Un sentimiento de vergüenza.

Un balbuceo de Lovegood.

El chico estaba más perdido que nunca. Se colocó detrás de la muchacha y la tomó de los hombros para comenzar a caminar.

Se asustó cuando doblaron la esquina y pudo ver su propio reflejo y el de la chica en una vitrina de trofeos.

Ahora se le presentaba un problema más puesto que desde el principio de la noche los chicos de Slytherin habían recorrido el castillo estratégicamente procurando evitar los corredores donde había más cuadros, y, aunque los personajes de los mismos ya estaban la mayoría o dormidos o muy entretenidos celebrando la navidad en otros retratos del castillo, había preferido no dejarse ver ante ningún ser mágico desde que salieron del Gran comedor y el buscar ahora la sala de Ravenclaw podría ser para el joven Malfoy un gran problema ya que estaba más expuesto para ser reprendido a altas horas de la noche y la escena podría demasiado rara si le encontraban empujando por los hombros a una muchacha menuda de un curso inferior en pijama y aparentemente inconsciente... Pensaba que la imagen podría hacer pensar mal a cualquiera y con lo cotillas que eran los personajes de los retratos se imaginaba lo peor...

Llegaron al lugar donde supuestamente las águilas buscaban su refugio, Ahoar solo quedaba encontrar el sitio concreto y para eso Malfoy necesitaba a Luna.

-Oye, Lovegood, espabila. Tienes que volver a tu dormitorio, o sino duermes en la calle.

.A veces duermo en sitios raros.

-Te creo.

-Una vez me desperté en un baúl.

-Mientras que no duermas cerca de mi sala, vete por donde quieras. Tú no me has visto. Dime, cómo se entra a la sala de Ravenclaw.

-No puedo decirlo.

-¡No me fastidies! La contraseña, ¡dímela!

-La contraseña es tu mente.

-Pues como dependamos de la tuya, vas a terminar durmiendo en un baúl.

-Tienes que responder.

-¿Responder a qué?

-No lo sé –Luna soltó una leve risita y se encogió de hombros.

-Por MerliiiiiiIn... -estaba cansado y suponía que no iba a sacar nada de información de la muchacha

Iba darse por vencido cuando de repente en un salón ancho del pasillo de la torre se toparon una gran estatua de un águila que daba la impresión de que intentaba presidir la sala y por otr lado permanecer discretamente en una zona.

Entonces Draco se dio cuenta de que no solía frecuentar esa zona del castillo y eso le hizo intuir que estaba cerca del nido de Ravenclaw.

-Lovegood, ¿por dónde se entra a tu sala común? Dime que está cerca y así te vas a la cama.

-Pero, ¿hemos encontrado ya a los elfos?

-Sí claro –respondió siguiéndole la corriente- Hemos ido a verles y les hemos dado los dulces. Ahora toca volver a la cama.

-¿Pero les hemos dado el calcetín? Eso era lo más importante.

-Que sí...

-¡Oh! ¡Qué bien!

-Oye, ¿esa estatúa con un águila es la entrada es importante aquí?

-Es la que decide quien tiene buenas ideas para entrar....

-Sé que estás dormida, pero, ¿podrías ir al grano? Porque a este paso el que se va a tirar por las escaleras voy a ser yo.

-Si no lo sabes no podrás descubrir los secretos de Ravenclaw.

El chico le pasó una mano a Luna arriba y abajo por delante de su rostro para comprobar definitivamente que sus reflejos no estaban activos. Si no la hubiera visto con la intención de  tirarse al vacío por las escaleras minutos atrás pensaría que le estaba gastando una broma.

Esa podría haber sido hasta el momento la conversación más larga que estaban teniendo y ella ni siguiera estaba siendo consciente y él prefería olvidar todo lo ocurrido como ella y despertar de un extraño sueño.

Draco continuaba guiando a Luna coin poca delicadeza por los hombros.

Tenía entendido que no era bueno despertar a la gente sonámbula de una forma muy brusca pero a él le tenía sin cuidado.

Dieron los unos pasos hacia la estatua y esta pareció cobrar vida y percatarse de su presencia:

-Buenas noches –habló con una voz grave para sorpresa del chico.

-¿Q-qué...? –se acercó Malfoy titubeante- Esto… Buenas noches.                         

-No me suena tu cara.

-Ya. Esto… Queremos entrar.

-Ella siempre responde bien a mis enigmas –dijo la estatua reconociendo a Luna, la cual parecía volver a estar perdida en el sueño.

-Pues no sé si hoy lo hará igual, pero aquí la dejo –se sentía intimidado al notar cómo la esaua hablaba de forma imponente sin necesidad de alzar la voz y, a la vez, ambos jóvenes parerían unos ratones a su merced.

- No puede quedarse en el rellano.

-Ya bueno, si se despierta que diga la contraseña que sea. Yo tengo prisa.

-Para entrar en mi sala no hay contraseña mejor que los entresijos de tu mente.

-Ya, eso me lo ha ido dejando claro por el camino, pero no sé qué significa y estoy muy cansado para averiguarlo.

-Entonces no crees ser digno de ciertos dones.

¿Qué? Por favor, no me insulte…

-¿Quieres pues probarte a ti mismo y ver si serías digno de entrar?

-Que conste que no se me ha perdido nada, pero, adelante.

-Entonces, como es Navidad, el enigma es el siguiente: «Cinco trozos de carbón, una zanahoria y un gorro están tirados en el césped del jardín. Nadie los tiró en el césped y, sin embargo hay una razón perfectamente lógica para que se encuentren allí. ¿Cuál es la razón?»

-¿En serio? –respondió asombrado el muchacho mientras meditaba la respuesta- ¿Siempre haces este tipo de preguntas?

-¿Tienes la respuesta?

-Puede ser cualquier cosa, como basura que ha caído en la torre de Gryffindor.

-Joven, si no te tomas en serio el enigma e insultas a otras casas, no me quedará más remedio que mostrarte mi furia y cerrarte el paso –advirtió la estatua indignada.

-Vale, vale…

-Son los restos de un muñeco de nieve -intervino la voz calmada de Luna- Un día unos niños unos niños se pusieron a construirlo en un parque con el tiempo se derritió.

Se produjo un breve silencio en el que el chico se quedó pensativo y con cara de asombro ante la conclusión de Lovegood.

-Correcto –dijo la estatua.

-Bueno, yo también podría haber llegado a esa conclusión… -dijo el muchacho.

-La próxima vez lo sabremos –le dijo la estatua.

-Lovegood, entra de una vez. Quiero que se acabe ya esta noche tan rara.

–Gracias, niño enfadado, y feliz Navidad... –se dirigió a él la muchacha y, rebuscando en el calcetín, le extendió una pequeña cajita en forma de pentágono. El chico la cogió. Sus manos eran suaves y menudas y estaban frías al tacto.

-A dormir –dijo lanzándole una última mirada a la estatua.

Y así la pequeña jovencita en pijama desapareció por la entrada de la sala común de las águilas dejando al chico perplejo y con la duda de si en verdad iba sonámbula.

Una vez que la entrada de selló, Malfoy salió de su ensimismamiento y, mirando a su alrededor, volvió a caminar con la mayor discreción por los pasillos hacia su sala común pensando en todo lo que acababa de ocurrir desenvolviendo la cajita que le había entregado para hacer saltar la rana de chocolate que se hallaba dentro. Al principio le daba miedo ver lo que podría sacar del enorme calcetín, pero el dulce parecía estar en buen estado.

Pensaba que no había hecho nada en el fondo pero estaba bien que por el susto del encuentro con Lovegood se hubiera llevado un dulce.

Ya en las mazmorras se acordó de por qué había retomado sus pasos hacia el pasillo de la torre de Astronomía y pensó que a esas alturas ya le daba igual dónde se encontrara su capa de gala y que no le interesaba contar este extraño encuentro en los pasillos a sus amigos.

Al entrar al calor del nido de las serpientes observó que sus amigos aún seguían sentados charlando junto a la chimenea.

-Draco –susurró Pansy sentada en el sofá cuando la puerta de la sala se abrió– ¿Dónde demonios estabas? Ya pensábamos que te había pasado algo…

-Es que no encontraba la capa y me he encontrado… algo raro en medio del camino.

-¿El qué? –preguntó Zabini.

-Un muñeco de nieve…

  


28 octubre 2019



1


¿VACACIONES?


 NO, GRACIAS...


         La clara luz del amanecer empezaba a hacerse notar en un cielo cubierto de nubes grises que parecían dar un aviso de tormenta. La noche anterior fue muy tranquila, sin embargo, Ginny Weasley había dormido muy poco. Se hallaba en su cama pensativa, medio adormilada, acurrucada con finas sábanas sintiendo el peso de sus párpados y escuchando el silbido del viento en las hojas de los árboles del gran jardín trasero de su casa. En pocas horas estaría en un autobús hacía el campamento de verano más aburrido del mundo, repitiendo el verano pasado: sola durante cuatro semanas estudiando refuerzo de matemáticas y lenguaje en una enorme y vieja casa de campo junto a veintitantos chavales entre doce y dieciocho años y aburridos monitores; con clase por las mañanas, manualidades por las tardes, madrugones, comidas insípidas, más madrugones, salidas a un pequeñísimo pueblo cercano los domingos, yéndose a la cama temprano y tan sólo una sosa fiesta de despedida el último día; Un gran plan en comparación con la invitación de pasar todo el mes de julio en una casa cerca del mar con sus amigos, donde podría tumbarse en la playa, surfear, ir por las noches a la discoteca, al centro comercial, al cine... Había planeado miles de cosas para pasarlo en grande, pero no, por otro lado, sus padres, al ver que sus notas habían bajado, la aconsejaron severamente que debía regresar al campamento para mejorar, ya que arrastraba las matemáticas desde hacía dos cursos y, como el año siguiente iba a ser más duro, debía ponerse más las pilas si no quería repetir. «Ya tendrás tiempo de divertirte el resto del verano. Allí vas a aprender y a conocer gente», le repetían una y otra vez.
          A Ginny no le desagradaba la idea de irse a una casa rural, al contrario, le encantaban la naturaleza y los animales, entendía que iba para estudiar, sí, pero ya tenía experiencia de lo "divertido" que era estar allí. Ese campamento lo organizaba su instituto, por lo que no vio, ni vería ese año, a nadie nuevo ni se juntaría con gente más o menos de su edad ya que se había informado y por lo que había oído, ese año no iba nadie de su mismo curso. El año anterior ella fue la más mayor, por lo que no terminaba de encajar en las actividades, a veces se sentía como una monitora más y se aburría. Aunque sabía todo eso, guardaba la pequeña esperanza de que a alguno de sus compañeros de clase le diera por apuntarse a esa "aventurilla de aprender" y así tener a alguien conocido al lado, pero sería muy raro ya que todos sus compañeros conocían igual que ella lo aburrido que era eso, por lo que no irían a no ser que estuvieran obligados como ella.
       Estaba enfadada con sus padres, aunque admitía que había bajado la guardia en el último momento con sus notas dejándose llevar por la pereza, sólo le habían quedado las matemáticas para septiembre y tenía pensado repasar después de volver de las vacaciones con sus amigos y recuperarlas, pero consideraron que lo mejor era que se pusiera las pilas enseguida. De nada le servía que les explicara lo incómoda que se iba a sentir repitiendo esa experiencia campestre, ni que no había tenido un respiro desde que se acabaron las clases y sus actividades extraescolares de futbol y natación. No la dejaban opinar ni empezar su verano. Se preguntaba si al regresar podría descansar unas semanas de tanto número y letras que sabía que al volver estarían revoloteando en su cabeza.
       Regresaría al campamento, estudiaría en casa, saldría poco, no iría a la playa ni vería a sus amigos hasta septiembre... Todos esos pensamientos la impedían conciliar el sueño, tenía ganas de protestar como una niña pequeña, de explotar. Prefirió dejar de pensar en todo eso y descansar un poco más hasta que dieran las siete y tuviera que ponerse en marcha, pero no podía dejar de dar vueltas en la cama.
***
-Ginny, vamos, levántate ya que se va a hacer tarde -escuchó la voz de su madre en tono algo severo y unos golpecitos a la puerta de su dormitorio.
         La chica se levantó con lentitud, sintiendo cómo le pesaban los párpados, y se dirigió al cuarto de baño para darse una ducha lanzando suspiros de fastidio. Al salir al pasillo le llegó el dulce olor del desayuno que su madre preparaba con prisas en la cocina. Entrando en el baño se dio un susto al notar cómo le pasaban una mano por la cabeza de manera agitada revolviendo su ondulada mata de pelo largo y pelirrojo por la cara.
-¡Ron! -exclamó la chica, exasperada desde primera hora, apartando la manaza de su hermano con fastidio.
-No tardes -se limitó a decir el joven, con tono burlón a la par que indiferente, dispuesto a bajar a desayunar.
-Siempre fastidiando -refunfuñó la chica cerrando la puerta.
No era fácil ser la pequeña de la casa.
     El chico estaba de muy buen humor esa mañana, era para estarlo, había planeado todo el mes de julio con sus amigos de Hogwarts, el instituto al que iba con Ginny y sus otros dos hermanos gemelos. Su plan era parecido a lo que Ginny en un principio había pensado para ella, estar con amigos; Ronald Weasley, el pequeño de los seis hermanos varones, se iría a una casa en la montaña. Orgulloso por su carnet de conducir también pasaría un tiempo recorriendo la carretera en su primer coche, obsequio de su padre, adquirido de segunda mano pero en perfectas condiciones. Se iría de acampada, sin pasar tanto calor, haciendo deporte y yendo a algunos pueblos de fiesta.
           Y no sólo él, toda la familia tenía planes y lo fatigoso era que todos salían de viaje esa mañana casi al mismo tiempo; Fred y George, los hermanos gemelos, mayores que Ron, habían sido invitados a pasar el verano en el pueblo natal de uno de sus mejores amigos, Lee Jordan, y ya que empezarían pronto las fiestas del pueblo, no desaprovecharían la ocasión de invitar a más amigos, disfrutar de todo tipo de actividades veraniegas y continuar con su programa de videos de bromas en internet. Percy, el tercero y mayor que los gemelos, se quedaría en la cuidad, había decidido apuntarse a unos cursos de verano en su universidad y continuar repasando sus estudios de Ciencias Políticas, de acuerdo, Ginny consideraba que eso sería un rollo, pero por lo menos su hermano sí haría lo que le gustaba en verano. Por último, sus padres tenían preparado un viaje a Rumanía para visitar a Charlie, el hermano mediano, mayor que Percy. Charlie llevaba ya varios años allí instalado realizando una investigación para el Museo de Historia Natural de Londres, sus padres se hospedarían en un hotel ya que también querían tener algo de tiempo para ellos unos días. Volverían unas semanas más tarde que Ginny, por lo que cuando esta terminara el campamento tendría que quedarse en casa de su hermano más mayor, Bill, y con su novia Fleur, quienes esa semana también estaban preparando un viaje para mediados de agosto a casa de unos amigos en las Canarias en cuanto les dieran las vacaciones en el trabajo.  Mientras el resto de sus hermanos y sus padres disfrutaban, consideraban a su única niña demasiado joven como para quedarse sola en casa.
Lo dicho, no era fácil ser la pequeña.
     Al salir del baño, ya vestida con ropa veraniega y campestre compuesta de: unos piratas vaqueros, una camiseta granate de manga corta, zapatillas grises de deporte y una fina chaqueta negra, se dirigió a su habitación para terminar revisar su maleta por si se olvidaba de algo. Tenía pensado llevarse varias cosas para no aburrirse por allí como el año anterior. Se dirigió a su estantería y cogió algunos comics que aún no había leído, todos de terror, sus favoritos, seguidamente guardó su cámara de fotos, le encantaba fotografiar paisajes naturales, eso era lo único bueno que le ofrecía el campamento. Se aseguró también de que su MP3 estuviese bien repleto de canciones, no podía llevarse mucho más aparte de unos cuadernos y un estuche para repasar allí. Lamentablemente su móvil estaba averiado y sin saldo por lo que sólo podía recibir llamadas y era demasiado antiguo, por lo que no le servía para distraerse, esperaba que sus padres le regalasen uno en su próximo cumpleaños pero no quería que se sintiesen presionados ni hacerse demasiadas ilusiones ya que la economía familiar era algo ajustada.
-¡Ginny -llamó su hermano Ron subiendo de nuevo hacia su habitación-, baja a desayunar de una vez, pesada! -dijo algo borde-. Mamá lleva un buen rato llamándote y tiene que recoger la cocina ya.
-Ya voy -dijo saliendo del cuarto mientras se recogía apresuradamente el pelo en una coleta.
-Mira que eres tardona -dijo lanzando un suspiro.
-Mira que eres pesado -se volvió hacia él-. Corre, ¿no habías quedado en pasar a recoger a tus amigos?
-Sí -respondió contento, repeinándose el flequillo pelirrojo que le cubría las cejas-, algunos hemos estudiado.
-¿Desde cuándo conoces el significado del verbo estudiar? -preguntó cruzándose de brazos y arqueando una ceja- Como mucho habrás copiado. Prepara tus cosas, anda -ofuscada, bajó las escaleras.
      Ron no había dejado de restregarle su suerte desde que se enteró de que la chica volvería al campamento y se quedaría en compañía de las mates y la lengua para después quedarse con Bill una semana más, ya que sus padres tampoco estarían en casa cuando ella llegara. Se empezaba a poner muy pesado con ella.
      Ginny no tenía una relación precisamente buena con el más pequeño de los varones, era con el que peor se llevaba, desde hacía ya un tiempo discutían más que antes. Ron, a pesar de ser un año mayor que ella, era inmaduro, siempre solía ir a su aire, tanto en casa como en el instituto, pero cuando quería era aplicado y no hacía el vago. Disfrutaba a su manera de todo lo que un muchacho de diecisiete años podía disfrutar; sus amigos y amigas, sus hobbies, como el equipo de baloncesto, sus fiestas... Ginny, por otro lado, también disfrutaba de todo eso, sólo que también más a su manera, no era tan popular como su hermano en el instituto, ni se interesaba demasiado por muchas cosas que estaban de moda entre las chicas de dieciséis años, cosa que su hermano no veía normal; era más callada y algo menos sociable, sin embargo lograba llamar mucho la atención de los chicos. Se podría decir que cada uno tenía un tipo distinto de popularidad que no se mezclaba en el instituto. Desde que Ron empezó en Hogwarts dejaron de compartir muchas aficiones, ambos fueron formando sus personalidades y sus distintos grupos de amigos y sus actividades extraescolares, no hablaban tanto, dejaron de cuidar ese lazo fraternal que les unía hasta el punto en que casi todas sus discusiones terminaban en una pelea en la que tenían que ser separados por sus hermanos mayores.
     Mientras Ginny desayunaba contemplaba el enorme ajetreo que reinaría por todos los rincones de su peculiar casa, a la que apodaban La Madriguera, situada a las afueras del barrio de Ottery St. Catchpole. Pensaba que sólo a ellos se les podía ocurrir irse de vacaciones casi a la misma hora, mezclando sus almuerzos y removiendo el equipaje. La más estresada era Molly, su madre, y a la vez la que mejor ordenaba y controlaba todo a su paso, vigilando que cada habitación estuviese impecable y que cada uno llevase lo necesario para el viaje.
      La muchacha al verla pensaba que si por ella misma fuera se quedaría en casa las cuatro semanas del campamento sin problema, estaría dispuesta a hacer lo que hiciera falta; limpiar, cocinar, todo eso se le daba bien ya que solía ayudar a su madre cuando entre todos repartían las tareas. Sólo debía hipnotizar o sobornar a sus padres, porque pensaba que de otra manera no darían su brazo a torcer para que se quedase sola.
    Con tanto ajetreo ya dieron las nueve, todos se reunieron en la puerta principal con sus maletas en la mano. Los gemelos charlaban animadamente mientras esperaban ver llegar el coche de los padres de su amigo Lee, Ron estaba entretenido mandado un mensaje y Ginny esperaba sentada en el sofá apoyando un brazo en el asa de su maleta.
-Venga, chicos -dijo Arthur Weasley, su padre, bajando las escaleras-, ¿todo listo entonces?
  El hombre estaba alegre y optimista con el viaje. Por lo que iba algo apresurado. Ginny sabía que siempre que hacían cosas en familia, Molly marcaba el ritmo y Arthur entonaba la música.
-Sí -respondió su madre-, llevamos a Ginny a la estación de autobuses, Ron va a buscar a sus amigos en coche y cuando lleguen a la casa de campo nos llaman, a los gemelos os acaba de llamar Lee para esperar en la puerta, ¿verdad? -los aludidos asintieron abriendo la puerta de la calle- y nosotros a las tres en punto nos vamos hacia el aeropuerto, así que, chicos, despedíos -dijo dirigiéndose a Ron y a Ginny que en ese momento estaban saliendo para guardar el equipaje, uno en cada coche.
-Esperad, que me dejo las llaves -dijo Arthur volviendo a entrar en casa con prisas.
     El amigo de los gemelos ya había llegado y saludaba desde el asiento del copiloto animadamente chocando los cinco con los gemelos y Ron y haciendo un saludo a Ginny con la cabeza que la chica devolvió con una media sonrisa.
-Bueno, chicos -dijo Fred acercándose a su hermana- nos veremos en agosto. Suerte en el campamento, Gin -le pasó el brazo por los hombros.
-Qué envidia me dais -dijo suspirando-. Hacedme un favor y divertíos por mí.
-Te traeremos algo bonito -dijo George.
-Y cuando termine ese tostón, intentad no mataros el uno al otro a su regreso -dijo Fred señalando con el pulgar a Ron, que en ese momento les ignoraba al estar charlando animadamente con Lee.
-¡Te queremos, enana! -dijeron los gemelos al unísono dándola un beso cada uno en una mejilla al mismo tiempo.
-Adiós -dijo frunciendo el ceño levemente pero a la vez mostrando una bonita sonrisa observándoles mientras subían al coche-. No hagáis de las vuestras.
-Cómo nos conoces, hermanita -otra vez al unísono.
Ron les dijo adiós a sus hermanos junto a sus padres y se dirigió hacia su coche.
-Yo me tengo que poner en marcha ya -dijo zarandeando las llaves de su nuevo coche.
Ginny observaba cómo el coche de Lee se alejaba, Fred y George eran siempre los que más la animaban, conseguían sacarla una carcajada tras sus broncas con Ron.
-Acuérdate de activar la alarma, Arthur -recordó Molly recibiendo un beso en la mejilla de Ron-. Llámanos por favor, Ronald -dijo seria.
-Lo haré -dijo el chico poniendo los ojos en blanco al haber escuchado el recordatorio de su madre más de mil veces esa mañana. Seguidamente se despidió de su padre.
     Molly entró en casa suspirando exasperada recordando que se olvidaba de algo más.
-Me voy, intenta no dormirte en clase. Tomaré el sol por ti cuando vaya de acampada -dijo Ron en tono mordaz dándole una palmada en el hombro a su hermana, sonriendo con satisfacción y subiendo a su camioneta Toyota de color azul marino metálico.
-Adiós -contestó ella secamente apoyándose en el Ford Anglia azul claro de su padre viendo cómo su hermano desaparecía del barrio.
      Minutos más tarde, sus padres ya salían con todo lo no necesario y se pusieron en marcha hacia la estación, con tan mala suerte de coger un pequeño atasco por el camino.
-Verás cómo te lo pasas mejor este verano, Ginny -decía su madre dese el asiento delantero.
-Seguro... -musitó ella sarcásticamente mirando por la ventana.
-Creo que incluso van a ir una o dos personas de tu clase.
-Esperemos...
-Y creo que esta vez sí que vas a tener compañera de habitación.
-Sí -intervino su padre-, pero no olvides centrarte en estudiar...
-Que sí, papá, sólo me ha quedado matemáticas... ¿No me vais a dar un respiro? Aún no he empezado el verano... -dijo lanzando un suspiro y entornando los ojos.
-Hija, no exageres... Lo vas a empezar ahora y te lo pasarás bien.
-Lo pasaría mejor con mis amigos -decía en voz muy baja sin que sus padres la oyeran cruzándose de brazos-. Ron se lo pasará bien... -frunció el ceño. Pensaba que, de todos sus hermanos, él era el único que no se merecía irse a sus anchas.
       Con la lentitud del tráfico, la música de la radio y el vaivén del coche, Ginny no pudo evitar caer en un sueño ligero. Ya casi estaban llegando cuando su padre recibió una llamada.
-¡Oh, qué mala pata! -dijo enfadado al colgar- Hay una emergencia en el ayuntamiento.
-¿Qué ocurre? -preguntó Molly.
-Necesitan unos informes bastante importantes para mañana -explicó con frustración-. ¡Me dijeron que estaría todo arreglado para cuando me fuera de viaje! Si no lo entrego, el proyecto se va al garete.
-Pero...
-Tranquila, nos dará tiempo, te lo aseguro. Pero no puedo esperar el autobús de Ginny con vosotras, debo llegar al ayuntamiento cuanto antes.
-Está bien -dijo Molly con exasperación.
-Sólo es entregar esos dichosos documentos. Os dejo enfrente de la estación, tengo que irme enseguida.
-Entiendo cariño. Ginny -dijo dándose la vuelta hacia su hija que estaba adormilada-, venga, espabila.
    Al bajar del coche Ginny se despidió de su padre con prisas mientras su madre sacaba la maleta y la mochila del maletero.
-Corre, que perdemos el bus -dijo Molly.
-¿Entonces, qué vas a hacer tú ahora? -preguntó la pequeña de los pelirrojos con algo de miedo ya que notaba que el estrés de su madre aumentaba. No, la señora Weasley, no estaba teniendo una buena mañana y el estrés desencadenaba en enfado.
-Pues no lo sé, cielo -se encogió de hombros mientras comenzaban a caminar apresuradamente-. Esperaré a tu padre revisando que todo está en orden para nuestro vuelo... Ha asegurado que terminaría enseguida, y para que nos dé tiempo a facturar...-suspiró.
       Tras buscar la zona de salida del autobús, a Ginny le empezó a extrañar no ver a nadie del campamento, ni campistas ni monitores que le dieran una pista de por dónde salía el autobús. Empezaba a intuir lo que para sus padres sería lo peor.
-No puede ser...-dijo su madre- Vamos a preguntar a la ventanilla.
-Yo te espero aquí por si el bus aún no ha llegado.
-Pero si ya son las once, debería de haber llegado ya. Ahora vengo.
      Ginny se sentó en uno de los pocos bancos libres a esperar, cuando alguien llamó su atención con una leve voz:
-¿Ginevra? -la aludida alzó la vista y contempló a una chica alta y delgada, con una voluminosa y enmarañada mata de pelo rubio y ondulado hasta la cintura, ojos azules muy abiertos, de piel muy clara y un piercing en la nariz. Vestía un vaquero un poco holgado, una camiseta de tirantes blanca con rayas horizontales negras, una chaqueta azul celeste y unas converse All Star del mismo color que la chaqueta con cordones negros. La chica miraba a Ginny con sorpresa y con aire inocente, cargaba una mochila de tamaño considerable al hombro.
-¿Luna? -preguntó Ginny con sorpresa. De todos sus compañeros de clase, a Ginny no se le pasó nunca por la cabeza el poderse encontrar con ella. Luna Lovegood estaba en su mismo curso, coincidían de vez en cuando en algunas clases. A la rubia de mirada soñadora se la conocía como una chica tímida, centrada en los estudios y, lamentablemente, objeto de muchas burlas en el instituto por su apariencia, su forma de actuar y algunos de sus hobbies. Muchos, jugando con su nombre, decían que era una "lunática", una "friki" por creer en algunos mitos y en leyendas urbanas, una chica rara que se te quedaba mirando y te hablaba con una voz muy infantil, siempre enganchada a sus revistas y amuletos y siempre solitaria. Hablaban bastante poco, ya que Ginny se iba con sus amigos, pero no se caían mal, al menos a Ginny no le caía mal. Para ella, Luna era una chica bastante curiosa.
-Vaya sorpresa -dijo Luna mostrando una diminuta y breve media sonrisa-. ¿Qué tal estás?
-Pues, bueno...-Ginny lo pensó en lo que se levantaba del asiento- tirando. ¿Y tú?
-Muy bien. ¿Vas al campamento que organiza el instituto?
-Sí... ¿Es que también vas tú?
       Luna no era mala estudiante, por lo que Ginny no creía que fuese a asistir al campamento, quizás debía de ser una simple coincidencia que se encontrasen allí. Si la chica era tan lista como Ginny la consideraba, cogería otro autobús.
-Pues sí.
-Pero, tú sacas muy buenas notas -dijo Ginny algo extrañada-. Bueno, no creo que necesites asistir a esas clases.
-Ya, pero me entró curiosidad por ver cómo se organizaba todo eso. Me gusta mucho la naturaleza. No tenía mucho que hacer este verano, iba a estar casi siempre sola en casa por el trabajo de mi padre, así que, me animé para variar un poco -explicó encogiéndose de hombros.
-Ah...-asintió la pelirroja- Pero, ¿ya sabes lo que opina la gente que va, no?
-Sí... Pero de eso cada uno da su opinión, ¿no crees? Lo veo como una nueva experiencia. Una curiosa aventura -mostró una sonrisa.
     Ginny pensaba que si la opinión de todos era que el campamento era un muermo, debería reconsiderar veranear en otro sitio, ya que al menos Luna podía elegir. Y tampoco le veía nada de emocionante como para calificarlo de aventura.
-Supongo. A mi mis padres me han "aconsejado" volver.
-No sabía que habías ido el año anterior, yo tampoco te veo mala estudiante, al contrario.
-Gracias -respondió confusa y alagada. Por fin alguien que reconocía su trabajo-. Espero llevarme este año un mejor punto de vista como el tuyo. ¿Sabes dónde está el autobús?
-No... -dijo con tranquilidad mirando hacia los demás autobuses- Es algo raro que no esté aquí ya...
-Pues esto no me gusta, estoy empezando a preocuparme -dijo Ginny mirando hacia el mismo sitio que Luna por si su autobús aparecía.
-Preocúpate -dijo una voz masculina detrás de las chicas.
     Al darse ambas la vuelta pudieron ver a un chico alto, rubio, de ojos grises, vestido de manera informal, con unos vaqueros, una camiseta de manga corta negra y una camisa de cuadros de color mostaza por encima abierta y unas deportivas grises y negras, todo de marca y arremangado para lucir un carísimo reloj. El chico parecía intimidar un poco, era atractivo, pero tenía un semblante muy serio y con cierto aire de superioridad. A decir verdad, Draco Malfoy no parecía cambiar nunca ese gesto y poca gente creía que pudiera.
-Malfoy -dijo Ginny sorprendida de encontrarle allí- ¿Es que tú también vas al campamento? -preguntó frunciendo el entrecejo.
-Iba, el bus ya ha salido -dijo despreocupado.
-¿¡Qué!? -exclamaron las chicas a la vez.
-¡Lo que faltaba! -dijo Ginny lanzando un suspiro de cansancio desplomándose en el banco. En parte no veía mal lo que estaba pasando.
-¿Pero no hay monitores que vigilen si la gente ha llegado a la estación? -cuestionó Luna abriendo mucho los ojos- ¿No hacen recuento de la gente que sube al autobús? Menudo descontrol...
-Además, en el papel ponía que la hora de salida era a las once.
-Yo que sé -dijo Draco encogiéndose de hombros siempre con ese aire de mal humor-, acabo de enterarme en la ventanilla.
-¿Y ahora qué se supone que habría que hacer? -preguntó Luna de nuevo arqueando una ceja con aire divertido.
-Mi madre también ha ido a preguntar -dijo Ginny en ese momento. Les miró a ambos un momento y pensó un poco lo que iba a decir-, si queréis esperar conmigo...
-¡Qué asco! -dijo Draco desplomándose en el banco dónde Ginny estaba sentada pero mucho más alejado de ellas, dejando su mochila y su maleta en el suelo. Sacó su móvil y empezó a escribir un mensaje.
      Ginny le miró un momento de reojo y frunció el ceño. Ese chico no le caía nada bien. Draco Malfoy no era precisamente un estudiante modelo, tenía diecisiete años pero repitió y en ese momento estaba en el mismo curso que Ginny y Luna, de vez en cuando porque el chico podía pasarse semanas sin ir al instituto, solía suspender varias asignaturas, llegar tarde y saltarse las clases que más le aburriesen. Más de una vez se le podía encontrar fumando con sus amigos en la puerta del instituto. Era muy popular. Pertenecía a una familia de buena posición y no desaprovechaba la ocasión para presumir de ello, hablando siempre de una manera algo arrogante y fría, lo que no le ayudó con algunos de sus antiguos compañeros de clase. Aunque a esas alturas Ginny no estaba muy metida en la vida social de su hermano Ron y sus amigos, a los que ni siquiera conocía oficialmente ni recordaba bien los nombres de la mayoría, sabía que el chico de los Malfoy y él se llevaban a matar, ambos habían tenido algunas peleas acerca de su puesto en el equipo de baloncesto del instituto y sobre su estatus social, ya que la familia de los pelirrojos a veces se mantenía como podía. Era por eso por lo que a Ginny le caía mal, por las burlas a su familia y su mal compañerismo en clase, ya que a veces coincidían en ciertas asignaturas, como con Lovegood. Le asqueaba esa continua arrogancia y esa superioridad que le caracterizaban, pero el resto de discusiones que Malfoy tuviera con Ron le daba igual, sólo si se pasaba de la raya con el resto de su familia, eso no lo permitía. (Ese verano habían tenido mucha suerte de poder viajar y pagar los estudios de Percy y su campamento, otra cosa que molestaba a la chica, que además se gastaran el dinero en algo que a ella no le gustaba y creía no necesitar).
     Por lo que había odio y observado en el instituto, Draco últimamente parecía haberse juntado con malas compañías, más malas de lo normal, y haber descuidado mucho más sus estudios, por lo que sus padres, cansados de su actitud, decidieron enviarlo unas semanas al campamento de verano y cortarle el suministro de dinero para sus muchos caprichitos hasta que su comportamiento no mejorase, incluyendo su coche del que tanto presumía. Pero pensaba que sólo eran rumores o que el niñito que en cursos anteriores se engominaba el pelo se acabaría librando de ir pero al parecer no era asi y los rumores se terminaron de confirmar.
"Genial -pensó la joven Weasley-, ahora encima tengo que aguantar a este niñato. Esperemos que no se pase con sus comentarios o esta vez seré yo la que le reviente a puñetazos".
    A pesar de todo, Ginny le encontraba un parecido a su hermano Ron, ambos eran igual de insoportables para ella, y quería guardar las distancias con ese muchacho.
   Hubo un silencio sepulcral entre los tres jóvenes. Ginny esperaba sentada cruzada de brazos pensando en la situación, Draco daba la espalda a las chicas sentado en extremo del banco, inmerso en su móvil y en mandar mensajes de texto y Luna deambulaba mirando la nada con ojos curiosos mientras tarareaba una canción por lo bajo. Pasados unos minutos Molly apareció con una cara que denotaba cierto malestar.
-Ginny, al parecer el autobús ha salido hace ya media hora -informó con fastidio.
-Me acabo de enterar -contestó poniéndose en pie-, estos chicos también venían conmigo. ¿Ahora qué hacemos?
     Ginny esperaba que su madre le dijera que no tenía más remedio que quedarse en casa de Bill hasta que sus padres volvieran de Rumanía, ya que sabía que no la dejarían estar sola y ya era tarde para retomar los planes de la playa con sus amigos.
Mientras su madre socializada:
-Oh. Encantada, soy Molly, la madre de Ginny -saludó sonriente y efusiva a la chica rubia.
-Igualmente, soy Luna Lovegood -saludó la risueña chica.
Draco por su parte aún estaba absorto en el móvil, tan solo se dignó a dedicar una seria mirada de refilón a las tres.
-Ah, y el jovencito Malfoy -señaló Molly un poco seria. Conocía al muchacho de sobra al haber ido dos veces al despacho del director por sus peleas con Ron-. Bien -dijo limitándose a ignorar su reacción e intuyendo el carácter del muchacho-, por lo visto hay dos autobuses programados por el campamento -explicó haciendo que tanto su hija como Draco pusieran una cara desilusión, que Ginny intentaba disimular mientras les seguía explicando-, pero se ha programado mal la hora de salida en algunas estaciones. Me han dicho que podéis subir al otro sin problema, dicen que viene a las doce, está recogiendo a los estudiantes de otros institutos en dos pueblos cercanos.
-Entonces, tenemos que esperar... -dijo Ginny resignada.
-¿Vuestros padres saben algo sobre lo de los autobuses? -les preguntó a los otros dos chicos.
-No -informó Luna-. Mi padre ya se ha marchado, tenía trabajo.
     El chico se levantó del banco conteniendo el enfado mientras señalaba con la cabeza hacia la puerta de la estación. Una mujer rubia, entrada en años con un moño recatado, elegantemente, vestida con un traje de chaqueta veraniego de color verde oscuro y un bolso negro se acercaba al banco dónde estaban situados:
-Buenos días -saludó con la elegancia que la caracterizaba a la vez que arrastraba las palabras y guardaba las formas con seriedad.
-Buenos días -saludó Molly mostrando la misma educación. Ambas mujeres habían coincidido en el colegio por las peleas de sus hijos y, tras varias charlas y encuentros, el aprecio entre ellas no era notable-. Volvemos a encontrarnos, señora Malfoy.
-Se hace raro verse fuera del despacho del director -dijo mirando a su hijo severamente-, ¿verdad, señora...?
-Weasley -señaló Molly-. Al parecer usted también ha animado a su hijo a apuntarse al campamento.
-Lamentablemente, acaban de informarme de que ha habido una confusión con el horario de llegada de los autobuses. Por lo visto el primer autobús ha salido ya.
-Sí. Pero afortunadamente nos han informado de que el segundo llega en una hora.
-Al parecer tampoco llegará -dijo con rostro de indignación, hablando con sosiego-, se ha averiado en una villa cercana mientras transportaba a otros campistas. No han dicho cuánto van a tardar en venir.
-Vaya. Lo mejor sería informar a los monitores responsables -el estrés de Molly iba en aumento.
-Por una vez estoy de acuerdo con usted -dijo la refinada Narcisa Malfoy arqueando una ceja.
     Eso a Ginny no le gusto, era la primera vez que veía a la madre de Draco Malfoy y en ese momento les encontró un razonable parecido, y comprendió a lo que se refería su madre acerca de los Malfoy cada vez que volvía de una de las reuniones con el director.
Ambas mujeres se separaron para realizar varias llamadas.
En un rincón apartado del banco, Draco intentaba hablar con su madre:
-Mamá, por favor -dijo en susurro sólo para ellos dos-, es tu oportunidad para reconsiderarlo. Ya he escarmentado, te lo aseguro, he aprendido la lección. No me envíes a ese sitio. Es un muermazo, ¡un infierno! Todo el mundo lo dice. Además, sabes que odio el campo.
-Razón de más para llevarte -le dijo tranquila e indiferente mientas ponía atención en la agenda de su teléfono táctil-. Necesitas un tiempo de reflexión, Draco, tiempo para que te alejes de ciertas compañías y vicios, tiempo para aplicarte. A no ser que quieras que la cosa empeore en casa.
Draco frunció el ceño.
-Pero -protestó, y fue interrumpido.
-No hay "peros" que valgan, Draco Malfoy -esta vez en tono más severo, le dirigió una mirada que para el muchacho era bastante aterradora-. Ya lo hemos discutido mil veces y te empeñas en quejarte y desafiarme como un niño pequeño. Intento defenderte ante tu padre siempre que puedo, no cumples tus promesas. Al parecer, te gusta sacarme de mis casillas. Que sepas que van a cambiar muchas cosas más.
-¿Es que no son suficientes mis castigos en casa?
-Lo serían si no te empeñaras en ignorarlos. Y basta ya, esta conversación se ha terminado -volvió a poner atención al móvil-. Cambiar de aires te vendrá bien.
El chico soltó un sonoro suspiro y se llevó las manos a la cabeza.
-Encima tendré que viajar con ese par -dijo señalado a Ginny y a Luna-, la hermana de la "comadreja fracasada" y la "friki lunática".
-Conocerás a más gente, no estás obligado a estar pegado a ellas.
-Sólo faltaría que me pusieras ese castigo... -puso los ojos en blanco.
-Y haz el favor de guardar la compostura con esos Weasley. Estoy harta de tener que aguantar el bochorno de sus discusiones porque tú no seas capaz de tener la boca cerrada.
-¡Bah! -se limitó a exclamar el chico metiéndose las manos en los bolsillos despreocupadamente.
-Por cierto -cambio a un tono más tranquilo-, dame el móvil -le pidió su madre extendiendo la mano elegantemente.
-¿Para qué? -preguntó intuyendo lo que pretendía su madre.
-Que me lo des, he dicho -dijo autoritaria pero tranquilamente arrastrando las palabras de nuevo.
El chico terminó obedeciendo a regañadientes.
-No lo necesitarás, en el campamento tienen teléfono -dijo mientras lo guardaba en su bolso, ignorando la cara de angustia y enfado de Draco.
-¡Pero, mamá!
    Tan solo le bastó mirarle una vez para que el chico cambiara el tono y contuviese el enfado alejándose un poco de ella. Decidió sentarse de nuevo en el banco dando por perdida la batalla.
    Por otro lado, cerca de la puerta de la estación, Molly realizaba varias llamadas y Ginny caminaba a su lado con lentitud. Una de las llamadas que realizó su madre la alarmó:
-Ron, hijo -le pareció escuchar.
-Espera -dijo Ginny al oír a quién se dirigía-, ¿qué vas a hacer? -preguntó empezando a alarmarse más, abriendo los ojos como platos, intuyendo lo que pretendía su madre-, ¿para qué le llamas?
    Molly la estuvo ignorando hasta que terminó de hablar con Ron. Seguidamente se reunió con Narcisa y estuvieron hablando un momento, sorprendentemente tranquilas, para después reunirse con los chicos, que intercambiaban miradas de confusión al verlas hablando a lo lejos. A Ginny y a Draco eso les daba mala espina.
-Todo solucionado -dijo Molly.
-He llamado a la jefa de monitores y no pueden proporcionarnos otro medio de transporte -informó Narcisa con indignación-, la he informado de su incompetente error y le he dicho que si cabía la posibilidad de que se os llevara en coche ya que la señora Weasley tiene la dirección del campamento aquí -dijo señalando un mapa de carreteras en manos de la madre de Ginny-. Han dicho que os esperan muy atentos a los tres, pero tenemos que conseguir el medio de transporte por nuestra cuenta -la señora Malfoy pensaba hacerse oír en cuanto volviera a ponerse en contacto con los directores del campamento e incluso podría hacer que se cerrase por la "inconpetencia" del personal, pero aún quería intentar darle un escarmiento a Draco.
-¿Y quién nos va a llevar?-preguntó Ginny con resignación temiendo la respuesta de su madre.
-La señora Malfoy y yo hemos tenido una idea -intervino su madre con parsimonia-. Tu hermano tiene que pasar cerca del campamento, cuando termine de recoger a sus amigos, vendrá a por vosotros y os acercará.
-¿¡QUÉ!? -exclamaron Draco y Ginny al unísono, se miraron con el ceño fruncido.
-Pero se tarda casi todo el día en llegar -dijo la chica intentando recobrar la compostura, lo había estado intuyendo pero no quería acabar de creerlo-, si se entretienen en llevarnos, llegaremos casi a media noche y ellos llegarán de madrugada a la casa de campo -intentaba improvisar más excusas-. ¿No podemos esperar a que arreglen el otro autobús averiado?
-Ese ya no pasará por aquí y los alumnos que iban en él también tienen que buscarse otro medio de transporte -informó la señora Malfoy.
-No pasa nada, Ginny, ya lo hemos hablado -dijo Molly con tranquilidad ya que tanto ella como Narcisa esperaban esa reacción en sus hijos.
-Dirás que le has obligado -susurró la joven poniendo los ojos en blanco.
Ambas se separaron un poco de los Malfoy y de Luna para hablar.
-Vamos a estar todo el día apretujados en una furgoneta enana, aguantando su mala cara por tener que llevarnos al dichoso campamento -dijo Ginny apresuradamente, ahora más fastidiada-. Y encima pretendes que lleve a ese después de todos los líos que han tenido -dijo señalando a Draco con la cabeza- ¡Nos mataremos entre todos antes de que arranque el coche!
-Ron lo entiende, le he explicado que no hay más remedio, no se va a morir por llegar un poco más tarde a la casa de campo.
-Créeme, si me tiene que llevar a mí, se morirá. O terminaré cargándomele yo porque se pondrá pesadísimo. ¡No aguantaremos y lo sabes!
-¡Pues ya es hora de que terminéis con tanta estupidez! -exclamó Molly muy severa haciendo que algunas miradas de los viajeros posaran en ella- Cansa oíros discutir. Sois hermanos y a veces hay que hacer sacrificios por la familia -dijo mostrando una mirada más dura que a la vez mostraba pesadumbre a la que la joven pareció ceder un poco quedándose ambas en silencio un instante-. No será tan malo, esta vez estarás con una amiga -dijo señalando a Luna, quien estaba telefoneando a su padre.
-Ella no es mi amiga, sólo una compañera de clase... -corrigió Ginny mirándola despreocupada-. Mis amigos están en la playa -dijo con el ceño fruncido.
Su madre entornó los ojos y la llevó de nuevo hacia el banco con los demás.
      Draco y su madre habían tenido en ese instante la misma discusión, el chicho se negaba a viajar en el mismo coche que Ron y sus amigos. Habría pelea y se burlarían de él por asistir al campamento y tener que depender de ellos para llegar, eso último era lo que más le molestaba.
-Mamá, que me lleve el chofer -suplicó el muchacho en voz baja.
-Bueno, todo listo entonces -dijo la señora Malfoy ignorando por completo a su hijo, pensando que ese castigo le podría servir de mucho. Aunque tampoco terminaba de agradarle la idea de que su niño tuviese que viajar con los rebeldes hijos de los Weasley. En ese momento tenía que marcharse por trabajo, se despidió de Draco dándole las últimas advertencias mientras Molly y Ginny estaban pendientes de si a Luna, que informaba de lo ocurrido a su padre, le daban permiso para viajar con sus compañeros de clase en coche. Narcisa de despidió seca pero amablemente de ellas agradeciéndoles que le ofrecieran transporte a su hijo intentando poner una notita de falsedad en sus palabras para no parecer grosera.
      Al cabo de unos minutos se quedaron esperando en la puerta principal de la estación a que Ron apareciese con el coche. Impacientes, Molly y Luna caminaban de un lado para otro, la rubia con parsimonia y despiste, mientras que Ginny y Draco permanecían sentados en las escaleras con cara de aburrimiento, echándose miradas despectivas. En su interior ambos jóvenes iban a estallar de rabia.
      Ginny no tenía ganas de viajar ni de oír las egoístas e inmaduras quejas de su hermano diciendo que le entorpecía sus planes, teniendo que aguantar también a sus amigos, a los que no conocía casi de nada. Sabía que terminaría discutiendo con Ron bruscamente. Y Draco era un caso similar. Si no había discusión por una parte la habría por otra. El viaje no sería tranquilo.
-Genial -dijo Draco sólo para Ginny-, ahora encima tengo que soportar a dos Weasley, como si no hubiera bastante con uno -frunció el ceño.
-Oye, que yo a ti no te he hecho nada -dijo Ginny en tono seco y borde-, al contrario, siempre te metes con mi familia.
-Qué asco de viaje me espera.
-Pues no vengas o haber amenazado a tu chofer para que te lleve -dijo con una nota entre ironía y sorna-. En esto pintas menos que yo, no tienes nada que ver, por mi puedes irte andando. Así sólo tendría que aguantar a un imbécil.
Draco arqueó una ceja.
-¿Qué, no defiendes a tu hermanito? -le dijo en tono burlón.
-No. Se pondrá muy pesado. Tan pesado como te estás poniendo tú ahora. Si crees que vas a pasar un infierno, no tienes ni idea, niño Malfoy.
Ambos guardaron silencio un momento y dijeron a la vez:
-Es un imbécil -se miraron confusos. El chico rio y Ginny mostró una media sonrisa y volvió su vista al tráfico.
    Al salir de sus pensamientos, la pelirroja observó cómo el coche de su hermano aparcaba enfrente de ellos, pudo divisar que en asiento del copiloto estaba ocupado, pero no distinguía bien de quién se trataba y le parecía que había otra persona el asiento trasero. Ron subía las escaleras regalando a su hermana una cara de pocos amigos que ella supo devolver mientras se ponía en pie. Él se puso hablar con su madre, mientras que los jóvenes comenzaban a coger sus cosas.
    Ginny miró al cielo, estaba empezando a nublarse, transformando lo que empezaba a ser un buen día soleado de verano en un día deprimente.
Una cosa estaba clara, el comienzo de sus vacaciones estaba siendo un desastre.


Continuará