15 abril 2018

Cap24☆


Capítulo 24:

Con la razón de mis suspiros

      Esa mañana nublada de sábado Luna despertaba lentamente recordando aún maravillada lo sucedido la noche anterior, no podía terminar de creerse que hubiera estado hasta las dos de la madrugada en un aula cosiendo y compartiendo sinceros y apasionados besos, besos verdaderos, los que tanto deseaba y procedentes de la persona por la que se pasaba el día entero en una nube, de la menos imaginada hasta tan sólo un tiempo, Draco Malfoy.

       Se sentía extraña consigo misma, algo en su interior la hacía estallar y temblar al mismo tiempo, sentía incredulidad y euforia a la vez. Sonriente, se levantó con mucha parsimonia de la cama, aún sintiéndose en su nube, para dirigirse al baño y vestirse para bajar a desayunar.

          Nunca quiso hacerse ilusiones con Draco, por mucho que le empezara a gustar, en el fondo sabía que ambos eran muy diferentes, no estaba segura de que él sintiese lo mismo hacia ella, ni esperaba que la mirara de una forma especial, ni que la defendiera; pero ella siempre había sido una persona que creía que todo, de alguna manera u otra, podía ser posible, no se cerraba puertas con nada, por lo que, de repente, las ilusiones vinieron a ella; Draco Malfoy correspondía a sus sentimientos. Una parte de ella deseaba desde hacía tiempo que lo hiciera, la misma parte que en ese momento la hacía temblar de emoción pero no pensaba decírselo de no ser por la confesión del chico y su  pasional respuesta en los labios la noche anterior.

         Ya preparada con ropa de calle, compuesta por unos vaqueros, unos zapatos de color marrón claro, una blusa blanca con pequeñas flores violetas bordadas  y una chaqueta a juego, y acompañada de sus preciados amuletos, se disponía a bajar al Gran Comedor cuando retrocedió dirigiéndose al cuarto de baño para mirarse de nuevo en el espejo con más detenimiento. Se atusó mejor el pelo y volvió a contemplar su rostro mientras ahuecaba sus dorados rizos, suspirando pensativa, se dirigió a su baúl para coger un peine y desenredarse el pelo. Con destreza y rapidez tomó su voluminosa cabellera y le dio una forma más lisa y delicada. Esperaba encontrar al chico por algún lado y que éste volviera a posar sus grisáceos ojos en ella como lo hizo la noche pasada.

         Caminaba despacio por los abarrotados pasillos esquivando grupos de alumnos y algo ensordecida por la multitud de conversaciones que éstos tenían levemente animados por el fin de semana. Eso era lo único bueno que estaba dejando la suma Inquisidora, ahora autoproclamada como directora por la fuerza, ya sólo se hablaba de decretos, evaluaciones del profesorado, prohibiciones y más prohibiciones, todo el mandato de Umbridge iba a peor.

        Cuando llegó a la mesa de Ravenclaw, se puso de cara a la mesa de las serpientes para divisar mejor dónde estaba Draco. Observó enseguida que estaba muy inmerso en una conversación con  Zabini y con Nott mientras jugueteaba con su tenedor, se le veía tranquilo.
           
         Mientras la chica se servía un poco de zumo de calabaza, notó unos leves golpecitos en su hombro, al levantar la cabeza vio a su amiga Ginny sonriente.

-Buenos días, Luna –dijo.

-Hola Ginny, ¿qué tal? –correspondió a su sonrisa.

-Bien. Quería saber si hoy tienes planes.

Por un momento los ojos de Luna se posaron en los de la mesa de Slytherin.

-El caso es que sí. ¿Por qué?

-Bueno, por nada, era por si te apetecía ir a dar una vuelta, pero claro, dijiste que a lo mejor continuabas ocupada y quería asegurarme. Entonces, no vas a pasar por la cabaña de Hagrid, ¿verdad?

-No, lo siento –se apenó un poco.

-No pasa nada –dijo mostrando una media sonrisa y moviendo la mano en señal de que no se preocupara-, era por si acaso. Pero el domingo por la tarde estás libre, ¿no?

-Supongo que sí.

-Bien, pues nos veremos mañana entonces…

-¿Te ocurre algo Ginny?

-¿A mí? Nada, ¿por qué? –dijo soltando una risilla floja y mirando hacia otro lado esquivando la mirada analítica de Luna.

-Te noto algo nerviosa o impaciente –torció la cabeza levemente y observó mejor a su amiga-. Sí, veo impaciencia en tus ojos.

-Tranquila. Nos vemos –dijo marchándose con rapidez a la mesa de Gryffindor.

-Qué extraño –se dijo Luna a sí misma mientras sonreía al ver a su amiga con una nota de alegría en su comportamiento matutino.

         Una vez que volvió a aislarse en su mesa y comenzó su desayuno, empezó a recordar la conversación con Draco la noche anterior antes de salir del aula.

-Flashback-

     Los jóvenes permanecían sentados en un pupitre de la oscura aula firmemente abrazados deleitándose del otro. Habían perdido la cuenta de la multitud de besos que se estaban regalando, cuando se volvieron a separar un poco Luna observó con rapidez todo lo que la rodeaba, contempló la brillante luz de la luna que se colaba por una ventana y miró al chico sonriéndole tímidamente comenzó a apartar los brazos de sus hombros con lentitud.

-Ya es muy tarde –susurró-, deberíamos irnos…

-Está bien… –respondió Draco algo entristecido de tener que volver a la realidad mientras apartaba las manos de la cintura de la chica- Pero con cuidado, quizás Filch esté cerca o algún prefecto.

      Luna recogió sus cosas en su gran bolso con rapidez mientras Draco se levantaba y vigilaba la entrada.

-Ten -dijo ella entregándole el tapiz una vez que terminó de recoger, cuando el chico lo cogió entrelazó su mano con la de Luna y la acercó con delicadeza hacia él para besarla de nuevo.

-Quiero verte mañana –dijo sin rodeos al separarse de la rubia.

-Los fines de semana suelo salir al bosque por la tarde… –sugirió.

-¿Te acuerdas de dónde estuvimos la otra vez?

-Sí, en ese árbol tan grande con unas marcas extrañas cerca de la orilla del lago y de unas rocas.

-Te espero ahí después del almuerzo.

-Vale –sonrió.

       Al salir del aula ambos miraron a todos lados asomándose por el marco de la puerta por si aparecían Filch o la Señora Norris, porque el chico no corría riesgos al pertenecer a la Brigada Inquisitorial, pero Luna sí. Se miraron.

-Bueno…-dijo Luna saliendo un poco más al pasillo mientras él contemplaba aún las esquinas con precaución- Hasta mañana, Draco.

El muchacho la miró, se acercó de nuevo ella y le dio un fugaz beso en los labios.

-Hasta mañana… Luna.

      Ambos, con el corazón acelerado, desaparecieron por diferentes esquinas del pasillo con cuidado de no ser vistos.

-Flashback-

       Draco Malfoy quería volver a verla, esta vez al parecer sin encargos, se sentía algo nerviosa, sólo él le producía esa reacción.

        Volvió a posar sus ojos en la mesa que tenía enfrente y esta vez chocó con su atenta mirada, ella le sonrió y él involuntariamente también le ofreció una media sonrisa, no como las que mostraba normalmente, sino una sincera y algo ¿tímida? Ahora estaba nervioso.

        Draco también había estado pensando toda la noche en lo que había pasado, le había dicho a Luna Lovegood que se había vuelto loco por ella, y no mentía pero no sabía qué hacer. No estaba seguro de nada salvo de que Luna le gustaba horrores y sentía que debía ser su chica, pero no estaba preparado para dar grandes pasos, porque era Lunática Lovegood y encima amiga de Potter. En él había algo de miedo pero no quería apartase de ella, después de todo lo compartido esos días la veía de otra manera. Incluso llegó a pensar alguna vez que podía estar hechizado por alguna broma pesada, pero no era así, al menos no del todo, porque Luna sí que producía un hechizo especial en él, pero pensaba que ni la magia más hermosa se comparaba a lo que le hacían sentir sus inexpertos y dulces besos. Sabía que era algo que nunca había probado, quizás era sólo una obsesión o, quizás, sólo quizás, fuera amor, pero tenía estar con ella para estar seguro, antes de dar esos pasos que tanto miedo le daban tenía que continuar sincerándose consigo mismo y tenía muchas ganas de estar con ella, pero de momento no podía definir qué eran.

          Cuando salió de su maraña de pensamientos, observó que Luna se dirigía a la salida del Gran Comedor, volvía a verla radiante. Absortó de todo, no se dio cuenta de que Pansy le había por el cuello para abrazarle por detrás hasta que la chia le habló al oído y Luna desapareció de su vista.

-Draqui –saludo empalagosamente la Slytherin encaramada a él haciendo que el muchacho pegara un respingo.

-¿Qué diablos? –exclamó moviendo la cabeza- Quita de encima, Pansy.

-Llevo un rato llamándote –se quejó quitándose de la espalda del chico mientras buscaba hueco entre él y Zabini para dentarse-, estás en las nubes.

-¿Qué quieres? –dijo acomodándose su túnica con sofisticación recobrando la compostura y su pose.

-Umbridge quiere reunir de nuevo a la B.I. después del desayuno –explicaba logrando sentarse en el hueco haciendo que Zabini pusiera mala cara al estar apretujado con Crabbe.

-¿Te ha dicho para qué? -puso los ojos en blanco. Le gustaba su labor y era uno de los que más ventajas tenía con Umbridge pero a veces hasta él debía reconocer que algunas normas o encargos eran demasiado estúpidos, en ese momento recordó la mascota de Umbridge y sintió pereza.

-No sólo que nos reunamos en su despacho –decía jugando con algunos mechones de su larga y lisa melena–. Luego tengo pensado ir a la biblioteca, le he robado a Granger el trabajo de Encantamientos que tenemos que entregar la semana que viene, si quieres te lo presto.

-Ya lo he hecho –dijo recordando a Luna y lo bien que había trabajado todo ese tiempo aún siendo de un curso menor–. Además, luego tengo que ir a hablar con Binns.

-¿Sobre lo del tapiz? ¿Es que ya lo has terminado?

-Sí –respondió fríamente, le hartaba que le hiciera tantas preguntas y lo sabía de sobra.

-Bueno, pues en eso no tardas nada, luego damos una vuelta o lo que sea. Tengo ganas de que volvamos quitar puntos a los de primero de Gryffindor, ingenuos –sonrió con maldad mirando la insignia con las siglas B.I. que había quitado de su túnica para ponérsela en el fino jersey gris que había elegido esa mañana.

-Estaré ocupado –dijo levantándose junto con el resto de su grupo.

      Mientras salían del Gran Comedor Pansy se quedó atrás caminando junto a Zabini para hablarle. Le dio un codazo para llamar su atención mientras Malfoy hablaba con Crabbe y Goyle más adelante.

-Oye, ¿se puede saber qué le pasa últimamente a Draco? –preguntó mosqueada-. ¡Me cansa su actitud!

-¿A qué te refieres?

-A que ya no pasa tanto tiempo conmigo.

-Ni que fueses su novia –respondió encogiéndose de hombros.

-Soy su amiga y me interesa –frunció el ceño- y más de una vez nos hemos divertido…-cambió su expresión por una media sonrisa-. Pero me refiero a que está como ido, cambia de humor a la mínima cosa que se le dice, tampoco pasa tanto tiempo con vosotros.

-Supongo que necesitará tiempo para pensar en sus cosas…-rió pensando en todo lo que le estaba pasando a su amigo esas semanas con Luna, en lo poco que le había contado sobre sus recados con la gata de la directora y los deberes, y lo que había visto, ya que Draco no le había vuelto a hablar de ella desde la fiesta en Hogsmeade. Sólo sabía que de vez en cuando se reunía con la Ravenclaw para darle sus deberes. Pero era verdad lo que decía Pansy, le veía algo raro, y Zabini intuía que algo tenía que ver con la chica Lovegood.

-Pues a ver cuando se le pasa –dijo la chica cruzándose de brazos.

-Pobrecita –decía poniendo una vocecilla triste y aguda-, Draquito no te hace caso, con lo acostumbrada que estabas a su atención…-dijo con sarcasmo.

-¡Sí que me prestaba atención! –refunfuñó-. Faltaba muy poco para que saliéramos juntos.

-Bah –musitó encogiéndose de hombros otra vez-. Sólo te invitó a un baile y os estuvisteis morreando un tiempo –dijo con despreocupación.

 La chica le miró mal tras el comentario.

-Aún así, él conmigo es especial. No como con las otras chicas con las que se entretiene.

-Puede que ahora esté entretenido también…

-¿Qué insinúas?

-Nada, pero puede ser…

-A Draco no le gusta nadie, aunque tenga alguna que otra admiradora, nos conocemos, la chica que más le puede interesar soy yo…

-Sigue auto-convenciéndote si quieres… Puede que no…

-¿Es que a acaso sabes algo?

-¿Yo? Sí sois amigos con derecho a roce, la que mejor lo sabrá serás tú, querida Pansy –sonrió con picardía.

-Mira, déjalo. Ya se le pasará lo que sea. No paras de confundirme bobo.

-Eres tú la que me está preguntando.

        La mañana pasó con rapidez y dejó ver un mejor tiempo con un cielo azul intenso con escasas y pequeñas nubes más claras a la hora del almuerzo. La temperatura incitaba a los alumnos a recorrer por lo menos los alrededores de Hogwarts cerca del lago. Por lo que Draco iba con suma discreción a su lugar de encuentro con Luna.

        Se situó bajo la sombra del gran árbol a contemplar el camino por dónde la Ravenclaw debía aparecer. Tuvo tiempo de fijarse mejor en las extrañas marcas que abundaban en su copa, la tarde que en encontró a Luna mientras paseaba por el lago esperando a la chica que le tendió la trampa con su novio Hufflepuff no se percató, pero parecían iniciales muy estropeadas o símbolos en un idioma extraño como los que muchas parejas de enamorados marcan en los árboles en señal su de amor. A Draco eso le parecía una estúpida cursilada. No terminaba de entender para qué dos personas querrían grabar sus nombres en árboles, “¿con eso se iban a querer más?”, se preguntaba. Por más que miraba los dibujos no les daba una descripción clara, además costaba porque no se veían a simple vista, debía acercarse bastante a la copa.

       Sin demasiado interés volvió a espiar el algo por si Luna aparecía, pero de repente:

-Hola Draco –dijo una fina vocecita detrás suya mientras notaba que alguien le daba una leve palmadita en el hombro. El muchacho, algo sobresaltado, se giró con el ceño fruncido y vio a Luna.

-Pensaba que aún estabas almorzando –dijo como saludo inicial, y es que nada más verla comenzó a sentirse inseguro y a preguntarse por qué estaban allí solos en la zona más apartada de la vista en el lago.

-He almorzado aquí –contestó Luna dejando su gran bolsa en el suelo cerca del árbol-, llevo casi toda la mañana por el bosque. Hace muy buen tiempo –dijo levantando la cabeza hacia el cielo observando todo lo que había a su alrededor con sus penetrantes y saltones ojos.

         El chico se la quedó mirando con distracción, cuando ella volvió a posar su mirada en él no pudieron evitar regalarse una nueva sonrisa, aunque la de él fuese más corta.

    Casi por un impulso, Draco comenzó a acercarse más a ella y atrapó con suma delicadeza unos finos rizos que le rozaban la mejilla por la leve brisa y entorpecían la agradable y hermosa visión del rostro de la joven. Le gustaba la suave textura de su cabello, al apartarlos acarició su mejilla con la mirada aún fija en su pelo, de nuevo le inundaban los nervios con Luna.

      Ella le observaba con una mirada rebosante de inocencia y dulzura, también lentamente alcanzó su mejilla para entrelazar su mano con la del chico. Tras el contacto notaron una sensación muy agradable.

    Sin pensárselo más acotaron la distancia para darse de nuevo los besos que tanto ansiaban. Con suavidad y sin prisas, aún para Luna era algo a experimentar y a Draco no le importaba guiarla en la técnica en absoluto. Las sensaciones volvían a estar a flor de piel, se abrazaron con firmeza e intensificaron mucho el beso y ritmo de sus labios. Eran una ambrosía el uno para el otro.

        En ese instante Draco recordó el motivo de por qué estaban allí.

       Cuando Luna quiso darse cuenta estaba apoyando su espalda en el firma y robusto tronco del árbol, escondiéndose de todo entre los arbusto que lo rodeaban tapados con un leve juego de sombras por las hojas. Fue entonce cuando se separaron unos centímetros para respirar.

-Vaya… -musitó ella sorprendida.

-¿Qué? –dijo él extrañado de la reacción de la joven, aún sosteniéndola por la cintura y dejándola apoyada en el árbol. 

-Sabía que escondías un lado dulce –explicó con su fina voz mostrando alegría acompañada de una de sus inocentes sonrisas-, lo que no sabía era que lo mostrabas con los labios.

Tras escuchar eso Draco rió y volvió a besarla.

-¿Ves? –dijo Luna de nuevo cuando se volvieron a separar- Sí que lo muestras, y tú risa es de verdad, de felicidad…Más dulce.

-Ese es el efecto que produces en mí… Sólo lo consigues tú –dijo separándose de ella un poco más volviendo a la realidad.

       Ella, algo extrañada, no se movió, le veía alejarse para sentarse en una roca baja cercana al árbol.

-Draco…-una parte de ella también necesitaba aclararse- ¿Por qué has querido quedar conmigo?

-Yo…-aún estaba hecho un lío.

-¿Era verdad lo que dijiste anoche?

-¿El qué? –preguntó dirigiendo su mirada a la chica.

-¿Estás loco por mí? –preguntó inocentemente algo ruborizada.

-Ya te lo he dicho –contestó algo ruborizaron esquivando sus ojos- Ya hablamos de esto anoche…

-Pero… no dijimos por qué –se apartó del árbol y dio unos pasos hasta la roca dónde Malfoy estaba sentado jugueteando con su collar de corchos para también evitar miradas–. 
¿Por qué?

-Yo… yo....yo, ¿¡yo que sé!? Simplemente lo siento así –explicó hablando con rapidez encogiéndose de hombros, una parte de él sí lo sabía pero no era capaz de explicárselo a la chica ni se atrevía, para él ya fue un gran logro que se dijeran la noche anterior que se gustaban.

-Tú me gustas, Draco Malfoy –dijo sentándose a su lado sin parar de observarle ni de jugar con su collar-. Me gustas porque siempre he sabido que escondías mucho más de lo que aparentas, lo intuía, y lo he comprobado. Estos días he intentado sacar a la luz tu faceta escondida y me gusta mucho.  A pesar de lo que quieras hacer creer a la gente en el exterior. Tampoco eres malo, has guardado mi diario y su poderoso secreto…

        Draco volvió a mirarla con sorpresa e incredulidad, la observó con detenimiento, ya que ella continuaba esquivándole mirando hacia otra parte, le parecía valiente al confesar sin rodeos lo que sentía a pesar de lo que él pensara. No podía evitar maravillarse ante ella, era una niña con un aspecto singular, delicada y hermosa si sabías observarla, y por dentro, sorprendente en su forma de ser y de pensar rebosante de dulzura e inocencia, sin malicia alguna, no como él. Luna volvió a despertar su conciencia al mencionar el diario.

-Tú has sacado esa faceta de la que hablas a relucir -respondió sintiéndose alagado pero con voz apagada-. Has conseguido desordenar mi mente.

Luna le miró con grandes ojos tras escuchar eso.

-Yo…-iba a hablar pero en ese momento Draco la tomó por el mentó acercándola para besarla de nuevo. Olvidó lo que quería decir de la sorpresa y el deleite.

-Has llegado a encantarme…–habló despacio al separarse un poco tras el beso-. Me encantas Luna Lovegood.

-Sé que esto es difícil Draco.

-¿Difícil? –preguntó pensando en qué lo más difícil ya lo habían hecho, confesar claramente lo que sentían.

-Tú eres Draco Malfoy…y yo soy Lunática Lovegood, diferentes a más no poder, entiendo que te pueda costar juntarte conmigo… si estuviésemos…ya sabes…Bueno, ya lo dejaste claro cuando empezamos el trato, que sería demasiado que te vieran conmigo.

-Yo –se avergonzó al recordar cómo le explicó que no consentiría que los viesen hablar o caminar juntos-, necesito tiempo, Luna. Tengo que aclararme un poco sobre cuándo y cómo dar ése paso, y ver qué pasa con esto, si avanzamos.

-Entiendo…

-Además, ha surgido un problema –dijo con fastidio-. Quería hablarte de eso, Umbridge ha puesto nuevos decretos esta mañana prohibiendo a chicos y chicas acercarse hasta cierta distancia y la prohibición de hablar y trabajar con gente de diferentes casas.

-¡¿Qué?! ¿No podremos hablar con gente que no sea de nuestra misma casa? Hasta tú debes admitir que es absurdo…

-Lo sé…Debo intentar convencerla junto a otros profesores de que, por lo menos en eso se está pasando…

-¿Sólo en eso? Hogwarts ahora parece Azkaban.

-Lo que quiero explicarte es que debemos tener el doble de cuidado desde ya.

-Ya, lo entiendo, pero entonces…  ¿somos lo que creo que somos, Draco?

Él, algo más calmado, se acercó de nuevo a ella y compartieron un nuevo beso.

-Buena respuesta –dijo ella sonriente y tímida a la vez.

       Pasaron el resto de la tarde ahí escondidos hablando de muchas cosas, sus gustos, pasatiempos y compartiendo muchos besos más, hasta que el sol comenzó a despedirse del hermoso paisaje y del castillo y tuvieron que regresar para la cena con mucha discreción antes acordando quedar al día siguiente en el mismo lugar.

Al llegar a su sala común, Luna encontró en su bolsa algo por lo que no pudo evitar sonreír, una nota que decía:

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Mañana no te librarás de una sorpresa.
D.M.
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          En ese momento se acodó, ¡al día siguiente cumplía catorce años! Y lo celebraría junto a él.

          Siempre estuvo convencida de que si se tiene fe en lo que se quiere lograr nada es imposible, ahora lo podía confirmar con total seguridad.

Continuará




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