Capítulo 24:
☆☆Con la razón de mis suspiros☆☆
Esa mañana nublada de sábado
Luna despertaba lentamente recordando aún maravillada lo sucedido la noche
anterior, no podía terminar de creerse que hubiera estado hasta las dos de la
madrugada en un aula cosiendo y compartiendo sinceros y apasionados besos, besos
verdaderos, los que tanto deseaba y procedentes de la persona por la que se
pasaba el día entero en una nube, de la menos imaginada hasta tan sólo un
tiempo, Draco Malfoy.
Se sentía extraña consigo
misma, algo en su interior la hacía estallar y temblar al mismo tiempo, sentía
incredulidad y euforia a la vez. Sonriente, se levantó con mucha parsimonia de
la cama, aún sintiéndose en su nube, para dirigirse al baño y vestirse para
bajar a desayunar.
Nunca quiso hacerse ilusiones
con Draco, por mucho que le empezara a gustar, en el fondo sabía que ambos eran
muy diferentes, no estaba segura de que él sintiese lo mismo hacia ella, ni
esperaba que la mirara de una forma especial, ni que la defendiera; pero ella
siempre había sido una persona que creía que todo, de alguna manera u otra,
podía ser posible, no se cerraba puertas con nada, por lo que, de repente, las
ilusiones vinieron a ella; Draco Malfoy correspondía a sus sentimientos. Una
parte de ella deseaba desde hacía tiempo que lo hiciera, la misma parte que en
ese momento la hacía temblar de emoción pero no pensaba decírselo de no ser por
la confesión del chico y su pasional
respuesta en los labios la noche anterior.
Ya preparada con ropa de
calle, compuesta por unos vaqueros, unos zapatos de color marrón claro, una
blusa blanca con pequeñas flores violetas bordadas y una chaqueta a juego, y acompañada de sus
preciados amuletos, se disponía a bajar al Gran Comedor cuando retrocedió dirigiéndose
al cuarto de baño para mirarse de nuevo en el espejo con más detenimiento. Se
atusó mejor el pelo y volvió a contemplar su rostro mientras ahuecaba sus
dorados rizos, suspirando pensativa, se dirigió a su baúl para coger un peine y
desenredarse el pelo. Con destreza y rapidez tomó su voluminosa cabellera y le
dio una forma más lisa y delicada. Esperaba encontrar al chico por algún lado y
que éste volviera a posar sus grisáceos ojos en ella como lo hizo la noche
pasada.
Caminaba despacio por los abarrotados
pasillos esquivando grupos de alumnos y algo ensordecida por la multitud de
conversaciones que éstos tenían levemente animados por el fin de semana. Eso
era lo único bueno que estaba dejando la suma Inquisidora, ahora autoproclamada
como directora por la fuerza, ya sólo se hablaba de decretos, evaluaciones del
profesorado, prohibiciones y más prohibiciones, todo el mandato de Umbridge iba
a peor.
Cuando llegó a la mesa de
Ravenclaw, se puso de cara a la mesa de las serpientes para divisar mejor dónde
estaba Draco. Observó enseguida que estaba muy inmerso en una conversación con Zabini y con Nott mientras jugueteaba con su
tenedor, se le veía tranquilo.
Mientras la chica se servía un
poco de zumo de calabaza, notó unos leves golpecitos en su hombro, al levantar
la cabeza vio a su amiga Ginny sonriente.
-Buenos días, Luna –dijo.
-Hola Ginny, ¿qué tal?
–correspondió a su sonrisa.
-Bien. Quería saber si hoy
tienes planes.
Por un momento los ojos de
Luna se posaron en los de la mesa de Slytherin.
-El caso es que sí. ¿Por qué?
-Bueno, por nada, era por si
te apetecía ir a dar una vuelta, pero claro, dijiste que a lo mejor continuabas
ocupada y quería asegurarme. Entonces, no vas a pasar por la cabaña de Hagrid,
¿verdad?
-No, lo siento –se apenó un
poco.
-No pasa nada –dijo mostrando
una media sonrisa y moviendo la mano en señal de que no se preocupara-, era por
si acaso. Pero el domingo por la tarde estás libre, ¿no?
-Supongo que sí.
-Bien, pues nos veremos mañana
entonces…
-¿Te ocurre algo Ginny?
-¿A mí? Nada, ¿por qué? –dijo
soltando una risilla floja y mirando hacia otro lado esquivando la mirada
analítica de Luna.
-Te noto algo nerviosa o
impaciente –torció la cabeza levemente y observó mejor a su amiga-. Sí, veo
impaciencia en tus ojos.
-Tranquila. Nos vemos –dijo
marchándose con rapidez a la mesa de Gryffindor.
-Qué extraño –se dijo Luna a
sí misma mientras sonreía al ver a su amiga con una nota de alegría en su
comportamiento matutino.
Una vez que volvió a aislarse
en su mesa y comenzó su desayuno, empezó a recordar la conversación con Draco
la noche anterior antes de salir del aula.
-Flashback-
Los jóvenes permanecían
sentados en un pupitre de la oscura aula firmemente abrazados deleitándose del
otro. Habían perdido la cuenta de la multitud de besos que se estaban
regalando, cuando se volvieron a separar un poco Luna observó con rapidez todo
lo que la rodeaba, contempló la brillante luz de la luna que se colaba por una
ventana y miró al chico sonriéndole tímidamente comenzó a apartar los brazos de
sus hombros con lentitud.
-Ya es muy tarde –susurró-, deberíamos
irnos…
-Está bien… –respondió Draco
algo entristecido de tener que volver a la realidad mientras apartaba las manos
de la cintura de la chica- Pero con cuidado, quizás Filch esté cerca o algún
prefecto.
Luna recogió sus cosas en su
gran bolso con rapidez mientras Draco se levantaba y vigilaba la entrada.
-Ten -dijo ella entregándole
el tapiz una vez que terminó de recoger, cuando el chico lo cogió entrelazó su
mano con la de Luna y la acercó con delicadeza hacia él para besarla de nuevo.
-Quiero verte mañana –dijo sin
rodeos al separarse de la rubia.
-Los fines de semana suelo
salir al bosque por la tarde… –sugirió.
-¿Te acuerdas de dónde
estuvimos la otra vez?
-Sí, en ese árbol tan grande con
unas marcas extrañas cerca de la orilla del lago y de unas rocas.
-Te espero ahí después del
almuerzo.
-Vale –sonrió.
Al salir del aula ambos
miraron a todos lados asomándose por el marco de la puerta por si aparecían
Filch o la Señora Norris, porque el chico no corría riesgos al pertenecer a la
Brigada Inquisitorial, pero Luna sí. Se miraron.
-Bueno…-dijo Luna saliendo un
poco más al pasillo mientras él contemplaba aún las esquinas con precaución-
Hasta mañana, Draco.
El muchacho la miró, se acercó
de nuevo ella y le dio un fugaz beso en los labios.
-Hasta mañana… Luna.
Ambos, con el corazón acelerado,
desaparecieron por diferentes esquinas del pasillo con cuidado de no ser
vistos.
-Flashback-
Draco Malfoy quería volver a
verla, esta vez al parecer sin encargos, se sentía algo nerviosa, sólo él le
producía esa reacción.
Volvió a posar sus ojos en la
mesa que tenía enfrente y esta vez chocó con su atenta mirada, ella le sonrió y
él involuntariamente también le ofreció una media sonrisa, no como las que
mostraba normalmente, sino una sincera y algo ¿tímida? Ahora estaba nervioso.
Draco también había estado
pensando toda la noche en lo que había pasado, le había dicho a Luna Lovegood
que se había vuelto loco por ella, y no mentía pero no sabía qué hacer. No
estaba seguro de nada salvo de que Luna le gustaba horrores y sentía que debía
ser su chica, pero no estaba preparado para dar grandes pasos, porque era
Lunática Lovegood y encima amiga de Potter. En él había algo de miedo pero no
quería apartase de ella, después de todo lo compartido esos días la veía de
otra manera. Incluso llegó a pensar alguna vez que podía estar hechizado por
alguna broma pesada, pero no era así, al menos no del todo, porque Luna sí que
producía un hechizo especial en él, pero pensaba que ni la magia más hermosa se
comparaba a lo que le hacían sentir sus inexpertos y dulces besos. Sabía que
era algo que nunca había probado, quizás era sólo una obsesión o, quizás, sólo
quizás, fuera amor, pero tenía estar con ella para estar seguro, antes de dar
esos pasos que tanto miedo le daban tenía que continuar sincerándose consigo
mismo y tenía muchas ganas de estar con ella, pero de momento no podía definir
qué eran.
Cuando salió de su maraña de
pensamientos, observó que Luna se dirigía a la salida del Gran Comedor, volvía
a verla radiante. Absortó de todo, no se dio cuenta de que Pansy le había por
el cuello para abrazarle por detrás hasta que la chia le habló al oído y Luna
desapareció de su vista.
-Draqui –saludo
empalagosamente la Slytherin encaramada a él haciendo que el muchacho pegara un
respingo.
-¿Qué diablos? –exclamó
moviendo la cabeza- Quita de encima, Pansy.
-Llevo un rato llamándote –se
quejó quitándose de la espalda del chico mientras buscaba hueco entre él y
Zabini para dentarse-, estás en las nubes.
-¿Qué quieres? –dijo
acomodándose su túnica con sofisticación recobrando la compostura y su pose.
-Umbridge quiere reunir de
nuevo a la B.I. después del desayuno –explicaba logrando sentarse en el hueco
haciendo que Zabini pusiera mala cara al estar apretujado con Crabbe.
-¿Te ha dicho para qué? -puso
los ojos en blanco. Le gustaba su labor y era uno de los que más ventajas tenía
con Umbridge pero a veces hasta él debía reconocer que algunas normas o
encargos eran demasiado estúpidos, en ese momento recordó la mascota de
Umbridge y sintió pereza.
-No sólo que nos reunamos en
su despacho –decía jugando con algunos mechones de su larga y lisa melena–.
Luego tengo pensado ir a la biblioteca, le he robado a Granger el trabajo de
Encantamientos que tenemos que entregar la semana que viene, si quieres te lo
presto.
-Ya lo he hecho –dijo
recordando a Luna y lo bien que había trabajado todo ese tiempo aún siendo de
un curso menor–. Además, luego tengo que ir a hablar con Binns.
-¿Sobre lo del tapiz? ¿Es que
ya lo has terminado?
-Sí –respondió fríamente, le
hartaba que le hiciera tantas preguntas y lo sabía de sobra.
-Bueno, pues en eso no tardas
nada, luego damos una vuelta o lo que sea. Tengo ganas de que volvamos quitar
puntos a los de primero de Gryffindor, ingenuos –sonrió con maldad mirando la
insignia con las siglas B.I. que había quitado de su túnica para ponérsela en
el fino jersey gris que había elegido esa mañana.
-Estaré ocupado –dijo
levantándose junto con el resto de su grupo.
Mientras salían del Gran
Comedor Pansy se quedó atrás caminando junto a Zabini para hablarle. Le dio un
codazo para llamar su atención mientras Malfoy hablaba con Crabbe y Goyle más
adelante.
-Oye, ¿se puede saber qué le
pasa últimamente a Draco? –preguntó mosqueada-. ¡Me cansa su actitud!
-¿A qué te refieres?
-A que ya no pasa tanto tiempo
conmigo.
-Ni que fueses su novia
–respondió encogiéndose de hombros.
-Soy su amiga y me interesa –frunció
el ceño- y más de una vez nos hemos divertido…-cambió su expresión por una
media sonrisa-. Pero me refiero a que está como ido, cambia de humor a la
mínima cosa que se le dice, tampoco pasa tanto tiempo con vosotros.
-Supongo que necesitará tiempo
para pensar en sus cosas…-rió pensando en todo lo que le estaba pasando a su
amigo esas semanas con Luna, en lo poco que le había contado sobre sus recados
con la gata de la directora y los deberes, y lo que había visto, ya que Draco
no le había vuelto a hablar de ella desde la fiesta en Hogsmeade. Sólo sabía
que de vez en cuando se reunía con la Ravenclaw para darle sus deberes. Pero
era verdad lo que decía Pansy, le veía algo raro, y Zabini intuía que algo
tenía que ver con la chica Lovegood.
-Pues a ver cuando se le pasa
–dijo la chica cruzándose de brazos.
-Pobrecita –decía poniendo una
vocecilla triste y aguda-, Draquito no te hace caso, con lo acostumbrada que
estabas a su atención…-dijo con sarcasmo.
-¡Sí que me prestaba atención!
–refunfuñó-. Faltaba muy poco para que saliéramos juntos.
-Bah –musitó encogiéndose de
hombros otra vez-. Sólo te invitó a un baile y os estuvisteis morreando un
tiempo –dijo con despreocupación.
La chica le miró mal tras el
comentario.
-Aún así, él conmigo es
especial. No como con las otras chicas con las que se entretiene.
-Puede que ahora esté
entretenido también…
-¿Qué insinúas?
-Nada, pero puede ser…
-A Draco no le gusta nadie,
aunque tenga alguna que otra admiradora, nos conocemos, la chica que más le
puede interesar soy yo…
-Sigue auto-convenciéndote si
quieres… Puede que no…
-¿Es que a acaso sabes algo?
-¿Yo? Sí sois amigos con
derecho a roce, la que mejor lo sabrá serás tú, querida Pansy –sonrió con
picardía.
-Mira, déjalo. Ya se le pasará
lo que sea. No paras de confundirme bobo.
-Eres tú la que me está
preguntando.
La mañana pasó con rapidez y
dejó ver un mejor tiempo con un cielo azul intenso con escasas y pequeñas nubes
más claras a la hora del almuerzo. La temperatura incitaba a los alumnos a
recorrer por lo menos los alrededores de Hogwarts cerca del lago. Por lo que
Draco iba con suma discreción a su lugar de encuentro con Luna.
Se situó bajo la sombra del
gran árbol a contemplar el camino por dónde la Ravenclaw debía aparecer. Tuvo
tiempo de fijarse mejor en las extrañas marcas que abundaban en su copa, la
tarde que en encontró a Luna mientras paseaba por el lago esperando a la chica
que le tendió la trampa con su novio Hufflepuff no se percató, pero parecían
iniciales muy estropeadas o símbolos en un idioma extraño como los que muchas
parejas de enamorados marcan en los árboles en señal su de amor. A Draco eso le
parecía una estúpida cursilada. No terminaba de entender para qué dos personas
querrían grabar sus nombres en árboles, “¿con eso se iban a querer más?”, se
preguntaba. Por más que miraba los dibujos no les daba una descripción clara,
además costaba porque no se veían a simple vista, debía acercarse bastante a la
copa.
Sin demasiado interés volvió a
espiar el algo por si Luna aparecía, pero de repente:
-Hola Draco –dijo una fina
vocecita detrás suya mientras notaba que alguien le daba una leve palmadita en
el hombro. El muchacho, algo sobresaltado, se giró con el ceño fruncido y vio a
Luna.
-Pensaba que aún estabas
almorzando –dijo como saludo inicial, y es que nada más verla comenzó a
sentirse inseguro y a preguntarse por qué estaban allí solos en la zona más
apartada de la vista en el lago.
-He almorzado aquí –contestó
Luna dejando su gran bolsa en el suelo cerca del árbol-, llevo casi toda la
mañana por el bosque. Hace muy buen tiempo –dijo levantando la cabeza hacia el
cielo observando todo lo que había a su alrededor con sus penetrantes y saltones
ojos.
El chico se la quedó mirando
con distracción, cuando ella volvió a posar su mirada en él no pudieron evitar
regalarse una nueva sonrisa, aunque la de él fuese más corta.
Casi por un impulso, Draco
comenzó a acercarse más a ella y atrapó con suma delicadeza unos finos rizos
que le rozaban la mejilla por la leve brisa y entorpecían la agradable y
hermosa visión del rostro de la joven. Le gustaba la suave textura de su
cabello, al apartarlos acarició su mejilla con la mirada aún fija en su pelo, de
nuevo le inundaban los nervios con Luna.
Ella le observaba con una
mirada rebosante de inocencia y dulzura, también lentamente alcanzó su mejilla
para entrelazar su mano con la del chico. Tras el contacto notaron una
sensación muy agradable.
Sin pensárselo más acotaron la
distancia para darse de nuevo los besos que tanto ansiaban. Con suavidad y sin
prisas, aún para Luna era algo a experimentar y a Draco no le importaba guiarla
en la técnica en absoluto. Las sensaciones volvían a estar a flor de piel, se
abrazaron con firmeza e intensificaron mucho el beso y ritmo de sus labios.
Eran una ambrosía el uno para el otro.
En ese instante Draco recordó
el motivo de por qué estaban allí.
Cuando Luna quiso darse cuenta
estaba apoyando su espalda en el firma y robusto tronco del árbol,
escondiéndose de todo entre los arbusto que lo rodeaban tapados con un leve
juego de sombras por las hojas. Fue entonce cuando se separaron unos
centímetros para respirar.
-Vaya… -musitó ella
sorprendida.
-¿Qué? –dijo él extrañado de
la reacción de la joven, aún sosteniéndola por la cintura y dejándola apoyada
en el árbol.
-Sabía que escondías un lado
dulce –explicó con su fina voz mostrando alegría acompañada de una de sus
inocentes sonrisas-, lo que no sabía era que lo mostrabas con los labios.
Tras escuchar eso Draco rió y
volvió a besarla.
-¿Ves? –dijo Luna de nuevo
cuando se volvieron a separar- Sí que lo muestras, y tú risa es de verdad, de
felicidad…Más dulce.
-Ese es el efecto que produces
en mí… Sólo lo consigues tú –dijo separándose de ella un poco más volviendo a
la realidad.
Ella, algo extrañada, no se
movió, le veía alejarse para sentarse en una roca baja cercana al árbol.
-Draco…-una parte de ella
también necesitaba aclararse- ¿Por qué has querido quedar conmigo?
-Yo…-aún estaba hecho un lío.
-¿Era verdad lo que dijiste
anoche?
-¿El qué? –preguntó dirigiendo
su mirada a la chica.
-¿Estás loco por mí? –preguntó
inocentemente algo ruborizada.
-Ya te lo he dicho –contestó
algo ruborizaron esquivando sus ojos- Ya hablamos de esto anoche…
-Pero… no dijimos por qué –se
apartó del árbol y dio unos pasos hasta la roca dónde Malfoy estaba sentado
jugueteando con su collar de corchos para también evitar miradas–.
¿Por qué?
-Yo… yo....yo, ¿¡yo que sé!?
Simplemente lo siento así –explicó hablando con rapidez encogiéndose de
hombros, una parte de él sí lo sabía pero no era capaz de explicárselo a la
chica ni se atrevía, para él ya fue un gran logro que se dijeran la noche
anterior que se gustaban.
-Tú me gustas, Draco Malfoy
–dijo sentándose a su lado sin parar de observarle ni de jugar con su collar-.
Me gustas porque siempre he sabido que escondías mucho más de lo que aparentas,
lo intuía, y lo he comprobado. Estos días he intentado sacar a la luz tu faceta
escondida y me gusta mucho. A pesar de
lo que quieras hacer creer a la gente en el exterior. Tampoco eres malo, has
guardado mi diario y su poderoso secreto…
Draco volvió a mirarla con
sorpresa e incredulidad, la observó con detenimiento, ya que ella continuaba
esquivándole mirando hacia otra parte, le parecía valiente al confesar sin
rodeos lo que sentía a pesar de lo que él pensara. No podía evitar maravillarse
ante ella, era una niña con un aspecto singular, delicada y hermosa si sabías
observarla, y por dentro, sorprendente en su forma de ser y de pensar rebosante
de dulzura e inocencia, sin malicia alguna, no como él. Luna volvió a despertar
su conciencia al mencionar el diario.
-Tú has sacado esa faceta de
la que hablas a relucir -respondió sintiéndose alagado pero con voz apagada-.
Has conseguido desordenar mi mente.
Luna le miró con grandes ojos
tras escuchar eso.
-Yo…-iba a hablar pero en ese momento Draco la
tomó por el mentó acercándola para besarla de nuevo. Olvidó lo que quería decir
de la sorpresa y el deleite.
-Has llegado a
encantarme…–habló despacio al separarse un poco tras el beso-. Me encantas Luna
Lovegood.
-Sé que esto es difícil Draco.
-¿Difícil? –preguntó pensando
en qué lo más difícil ya lo habían hecho, confesar claramente lo que sentían.
-Tú eres Draco Malfoy…y yo soy
Lunática Lovegood, diferentes a más no poder, entiendo que te pueda costar
juntarte conmigo… si estuviésemos…ya sabes…Bueno, ya lo dejaste claro cuando
empezamos el trato, que sería demasiado que te vieran conmigo.
-Yo –se avergonzó al recordar
cómo le explicó que no consentiría que los viesen hablar o caminar juntos-,
necesito tiempo, Luna. Tengo que aclararme un poco sobre cuándo y cómo dar ése
paso, y ver qué pasa con esto, si avanzamos.
-Entiendo…
-Además, ha surgido un
problema –dijo con fastidio-. Quería hablarte de eso, Umbridge ha puesto nuevos
decretos esta mañana prohibiendo a chicos y chicas acercarse hasta cierta
distancia y la prohibición de hablar y trabajar con gente de diferentes casas.
-¡¿Qué?! ¿No podremos hablar
con gente que no sea de nuestra misma casa? Hasta tú debes admitir que es
absurdo…
-Lo sé…Debo intentar
convencerla junto a otros profesores de que, por lo menos en eso se está
pasando…
-¿Sólo en eso? Hogwarts ahora
parece Azkaban.
-Lo que quiero explicarte es
que debemos tener el doble de cuidado desde ya.
-Ya, lo entiendo, pero
entonces… ¿somos lo que creo que somos,
Draco?
Él, algo más calmado, se
acercó de nuevo a ella y compartieron un nuevo beso.
-Buena respuesta –dijo ella
sonriente y tímida a la vez.
Pasaron el resto de la tarde
ahí escondidos hablando de muchas cosas, sus gustos, pasatiempos y compartiendo
muchos besos más, hasta que el sol comenzó a despedirse del hermoso paisaje y
del castillo y tuvieron que regresar para la cena con mucha discreción antes
acordando quedar al día siguiente en el mismo lugar.
Al llegar a su sala común,
Luna encontró en su bolsa algo por lo que no pudo evitar sonreír, una nota que
decía:
---
Mañana
no te librarás de una sorpresa.
D.M.
---
En ese momento se acodó, ¡al
día siguiente cumplía catorce años! Y lo celebraría junto a él.
Siempre estuvo convencida de
que si se tiene fe en lo que se quiere lograr nada es imposible, ahora lo podía
confirmar con total seguridad.

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